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En una situación alarmante, la tensión disminuye en cuanto acude otra persona y dejamos de estar solos. En los animales sociales, los científicos han demostrado que la reacción fisiológica ante el estrés es menor cuando se hallan presentes otros congéneres. ¿Sucede lo mismo en los humanos? Grit Hein y un equipo de la Universidad de Wurzburgo han constatado por primera vez esta hipótesis.

En el estudio participaron únicamente mujeres. Mientras escuchaban sonidos neutros (el chapoteo del agua) o bien gritos humanos a través de auriculares, los científicos midieron la conductancia eléctrica de su piel, que es un indicador de la agitación psíquica y el estrés (en las situaciones estresantes, la piel segrega sudor, lo cual eleva su conductancia).

La reacción a los estímulos acústicos era menor cuando otra persona del sexo femenino se encontraba también en la sala, aunque no interactuara con las participantes. El efecto tranquilizador fue aún mayor en las voluntarias que sentían más miedo. Asimismo, aumentaba cuando la persona presente tenía menos miedo que las mujeres, posiblemente porque suponían que dicha mujer, al contrario que ellas, no le temía a nada.

En un próximo estudio, los investigadores prevén averiguar si el efecto se produce también en los hombres y en los grupos mixtos. Según Hein: «Existen indicios en la investigación del estrés de que el sexo de la persona presente podría tener alguna influencia».


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