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¿Quién podía imaginarse que los guantes desechables se convertirían un día en objeto de especulación? En plena pandemia, con la demanda en alza, Malasia, uno de los principales productores, no puede mantener el ritmo de fabricación y los precios se disparan.

"Tenemos centros médico-sociales que nos llaman todos los días para pedir guantes", explica Sébastien Lenoble, uno de los directivos de la empresa europea Shield Scientific, que comercializa guantes para industrias farmacéuticas y los hace fabricar por proveedores en Asia.

"No son nuestros clientes habituales, vienen porque están desesperados porque no encuentran guantes", precisa.

En Francia, Romain Gizolme, de la asociación de directores de residencias para ancianos AD-PA, reconoce que es "un problema: los encontramos con cuentagotas, pero somos grandes consumidores", dice a la AFP.

Con la crisis sanitaria, la demanda de estos guantes se ha disparado, al igual que con las mascarillas y el gel hidroalcohólico. 

Ya sean de látex, vinilo o nitrilo (sintéticos), la demanda es cuatro veces mayor que el año pasado, según el ministerio de Economía francés.

Solo para el sector médico, "la demanda de guantes de examen se ha más que triplicado y la de guantes quirúrgicos también ha aumentado de forma considerable", señala Monika Riedel, portavoz de la empresa austriaca Semperit, cuya filial médica Sempermed cuenta con dos plantas de producción de guantes, una en Austria y otra en Malasia, donde fabrica entre 7.000 y 8.000 millones de guantes de examen por año.

Especulación 

Es ahí donde empieza el problema: la producción se ha concentrado en Asia, sobre todo en Malasia. En 2019, el país exportó más del 60% de los guantes de goma, según Margma, la federación malasia de productores de guantes.

Este año, el país suministrará unos 220.000 millones de estos artículos. Pero no es suficiente para cubrir las necesidades mundiales, que podrían alcanzar los 330.000 millones de guantes, advertía en junio la federación, un desequilibrio que podría durar hasta 2021. 

Para la empresa malasia Top Glove, que se presenta como el mayor productor del mundo, la demanda es exponencial: cada mes le encargan entre 11.000 y 12.000 millones de guantes, frente a los 4.500 millones antes de la pandemia, detalla a la AFP.

Por ello, los compradores tienen que esperar... a veces hasta 590 días, recalca Lim Wee Chai, director general de la compañía. Antes de la crisis, la espera era de 30 a 40 días.

Además, Estados Unidos ha prohibido recientemente la importación de guantes de dos filiales de Top Glove, por sospechas de "trabajo forzado" entre sus empleados.

En este contexto, la especulación campa a sus anchas.

"Las materias primas pueden negociarse tres o cuatro veces antes de llegar a la fábrica", lamenta Sébastien Lenoble, de Shield Scientific. "Hoy en día, tenemos que hacer frente a un alza de 80% del coste de producción".

"En junio, nuestro proveedor nos anunció (...) precios que se multiplicaron entre 2 y 10 veces" comparado con antes del Covid-19, indica la empresa francesa Rostaing, que comercializaba, antes de la pandemia, dos tipos de guantes desechables, además de su catálogo de guantes técnicos.

Desde Top Glove responden que "nuestros precios se ajustan para reflejar la fuerte demanda del mercado" y alegan que también hay más problemas para encontrar las materias primas.

Este aumento de precios representa un "coste adicional" importante para los servicios a las personas, advierte Romain Gizolme.

Para garantizar que el sector médico dispone de material suficiente, algunos Estados han realizado pedidos masivos. Francia anunció a finales de agosto que había encargado 400 millones de guantes y Alemania también adquirió cerca de 340 millones.