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¿A quién se esperaba en Berlín este miércoles? ¿Al Papa? ¿Vladimir Putin, Donald Trump o a la Reina Isabel? Cualquiera podría tener fácilmente esa impresión cuando, por ejemplo, una cadena de radio en Berlín investigó la ruta de vuelo del personaje y lo reportó con mucho entusiasmo: ¡efectivamente, aterrizará por la mañana en Berlín!

El personaje celebre se llama Elon Musk, el multimillonario estadounidense y fundador de la empresa Tesla. Un empresario cuyo principal producto es la esperanza en el futuro: coches eléctricos, vacunas, Paypal, naves aeroespaciales. Controvertido y extraño, escandalosamente exitoso, ruidoso. Varias veces casado y dos veces con la misma mujer. Para algunos, un salvador que tiene todo lo que les falta a los alemanes: fe inquebrantable en sí mismo y voluntad de asumir riesgos. Para otros, Musk es simplemente un malabarista.

¿Qué opina el gobierno alemán sobre Musk?

Al parecer, el gobierno en Berlín aún no ha decidido por cuál de los dos grupos se inclina. Puede ser que se deba a la notoria espontaneidad de Musk que este miércoles haya sido imposible averiguar dónde y con quién se iba encontrar el jefe de Tesla. Una portavoz del ministerio de Economía declaró al mediodía que no daría ninguna información sobre los encuentros no públicos del ministro. ¿Puede Musk quizás ayudar a producir una vacuna contra el coronavirus en Alemania? Sin comentarios. Circulaban rumores de que el tabloide alemán "Bild" había sido informado de que Musk asistiría a un evento organizado por el partido de Angela Merkel, y que la canciller alemana también vendría. Todo muy secreto y muy confuso. Al final, Musk se encontró con el ministro de Economía Peter Altmaier y el ministro de Salud Jens Spahn.

Pero las emociones y el nerviosismo en Berlín son bastante comprensibles. Para el próximo verano Musk quiere completar su nueva y enorme fábrica en Grünheide, cerca de Berlín, con hasta 12.000 puestos de trabajo y construir allí 500.000 coches eléctricos al año. Aún falta la aprobación final de las autoridades alemanas, pero la construcción ya está en marcha, algo típico de Estados Unidos.

Alemanes escépticos

Mucha gente en Brandeburgo aún no quiere creer que se creará algo verdaderamente bueno, algo que beneficiará al estado. Porque muchos recuerdan una supuesta pista de carreras de Fórmula Uno en Lausitz. O recuerdan a un constructor de aeronaves ultramoderno. U otras promesas más que no se cumplieron o que fracasaron. Y del nuevo aeropuerto de Berlín, cuya construcción parece interminable, ni hablar. Dicen que se terminará este año. Bueno, veamos.

La visita extrañamente inadvertida de Elon Musk también se produce en un momento en que el rechazo de los alemanes a los grandes capitanes de la industria se ve reforzado una vez más por el increíble escándalo que rodea el proveedor de servicios de pago Wirecard, con gerentes en la clandestinidad y falsificaciones de balances por valor de miles de millones.

A los alemanes les gustan más los grandes empresarios cuando llevan negocios familiares como el fabricante de zapatos Deichmann o el gigante de la alimentación Oetker. Y cuando no hacen gala de sus miles de millones. De hecho, muchos de estos empresarios apenas son visibles en público.

Un personaje como Musk, que califica a gritos las restricciones debidas a la pandemia del coronavirus en su patria californiana como "fascistas", es incómodo para los alemanes. Aparentemente también para el gobierno alemán. El mensaje es que Musk primero construya su empresa, respete los estándares ambientales y page a los trabajadores un salario decente. Y luego ya veremos si nos cae mejor. En ese caso, tal vez la próxima vez, habrá una verdadera bienvenida. Pero que avise, por favor, con antelación.