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La temida segunda ola ha retornado a una Europa que mira con pesadumbre las nuevas medidas de cuarentena que se imponen. Tras varios meses de una supuesta normalidad, muchos países están revirtiendo las disposiciones para volver a un aislamiento controlado.

Italia, que ha superado el millón de contagiados, también se debate entre las restricciones que se deben disponer ante el creciente riesgo de contagio.

En este contexto de inquietud ante lo que se puede avecinar, una residencia de ancianos que se encuentra en Castelfranco Veneto (Italia) salta a las primeras planas informativas por su invento de "la habitación de los abrazos". Los responsables de la casa Domenico Sartor han buscado una forma segura para mantener el contacto familiar con los ancianos que se alojan en su residencia y componen la población de riesgo.

La "habitación de los abrazos" está recubierta de paneles de plástico rígido y espacios con un plástico más maleable. También cuenta con espacios para meter las manos y trasmitir el contacto a los ancianos familiares que aguardan, durante toda la semana, la visita de hijos y nietos.

La posibilidad de extender el contacto humano, de prolongar un abrazo remite al bienestar mental y emocional de los adultos que permanecen en la residencia, sin poder salir, unos 9 meses, desde que el virus se manifestó en el país.

La "habitación de los abrazos" se ha replicado en otros centros como una medida interesante que eleva el espíritu de los internos. 

La interposición del plástico entre los familiares resta parte de la naturalidad pero, ante el riesgo de contagio que se incrementa en Europa, permite sostener un encuentro cercano y afable. 

El cuidado de las medias de bioseguridad obliga al personal del centro a desinfectar cada espacio después de cada visita, pero la sonrisa de los adultos mayores retribuye con creces el esfuerzo de cada empleado.