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Nacido en las redes sociales, inspirado por los jóvenes hongkoneses y sin líder aparente, el movimiento prodemocracia que protagoniza la juventud tailandesa pide reformas al gobierno y osa dirigirse directamente a la monarquía, un tema especialmente sensible en este país.

La historia más reciente del reino estuvo marcada por numerosos golpes de Estado y violentos enfrentamientos entre las facciones, ya sea a favor o contra el sistema, muy organizadas política y financieramente. 

Pero la nueva generación se organiza diferente, con manifestaciones, a veces anunciadas, otras espontáneas, reuniendo a millares de jóvenes. 

"Sólo quiero ejercer mis derechos", señala Rawee, de 20 años, una figura destacada en varios de los mítines. Ha llegado a quemar fotos del primer ministro. "Este gobierno no es confiable, ni bueno para la gente", afirma.

El primer ministro Prayut Chan-O-Cha es un exjefe del ejército y cerebro del golpe de 2014 que instauró una junta en el poder durante 5 años.

Después se convirtió en primer ministro de un gobierno promilitar tras unas controvertidas elecciones, el año pasado.

Cambiar la Constitución 

La principal demanda de los manifestantes es disolver el parlamento y cambiar la Constitución de 2017, que otorga amplios poderes a los 250 senadores que lo integran, elegidos por el ejército. 

"En parte nos inspiró Hong Kong", dice el activista Tattep Ruangprapaikitseree, haciendo referencia a la situación en la ex colonia británica. "No tenemos verdaderos líderes u organizadores. La gente sale sola", añade.

Muchos manifestantes apoyan a un viejo partido opositor, Future Forward (FFP), cuyo carismático líder Thanathorn Juangroongruangkit y otros dirigentes fueron excluidos de la política durante una década por violar el código electoral. Muchos vieron esta medida como ejemplo de un sistema que se niega a escucharlos

En junio, la inexplicable desaparición en la vecina Camboya del activista prodemocracia Wanchalearm Satsaksit provocó indignación en las redes sociales. En dos años, al menos ocho activistas han desaparecido en circunstancias sospechosas, según la oenegé HRW. 

En las calles, los manifestantes están impregnados de cultura pop. Utilizan códigos del manga japonés Hamtaro, del musical "Los Miserables", y hacen el saludo con tres dedos del filme "The Hunger Games". "¡Hay que despertar!", insisten algunos. 

La monarquía 

Penetrando en un territorio espinoso, el lunes pasado en un campus de Bangkok, unos 4.000 manifestantes apoyaron 10 demandas para reformar la monarquía. 

Entre ellas, abolir el artículo 112, el delito de lesa majestad que puede acarrear 15 años de prisión por criticar a la familia real. Otra es una discusión sobre las finanzas del monarca.

Tailandia es una monarquía constitucional, pero el rico rey Maha Vajiralongkorn, llamado Rama X, hizo cambios profundos al llegar al trono en 2016. Tomó el control directo de los activos reales y puso unidades del ejército bajo su mando directo. 

La familia real tiene el apoyo incondicional de los militares, que han perpetrado una docena de golpes de Estado desde finales de la monarquía absoluta, en 1932. 

¿Es posible que este enfrentamiento degenere en violencia? Todos recuerdan la masacre de la universidad de Thammasat, en 1976. Decenas de estudiantes pacíficos fueron asesinados por policías y tropas paramilitares. 

Para el politólogo Thitinan Pongsudhirak, esto sería poco probable. Los estudiantes "solo están defendiendo ideas, exponiendo sus demandas y sus quejas", dijo a la AFP. "Si hubiera violencia, sería unilateral", apostilló.