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El papa Francisco lanzó ayer en Chipre un llamamiento a la “unidad”, en plena crisis migratoria en Europa y en una isla dividida en dos, durante la primera etapa de un viaje de cinco días que incluirá también a Grecia.

Se trata de la segunda visita de un papa a Chipre, una isla poblada especialmente por cristianos ortodoxos, tras la realizada por Benedicto XVI en 2010.

El avión del pontífice argentino, de 84 años, aterrizó en el aeropuerto de Larnaca, al sur de Chipre, entre cánticos de “le queremos, papa Francisco”, de un grupo de niños.

El sumo pontífice se dirigió justo después a la catedral maronita de Nuestra Señora de la Gracia, en Nicosia, donde se reunió con el patriarca Béchara Rai.

Caminar juntos

”Para construir un futuro digno para el ser humano hay que trabajar juntos, superar las divisiones, tirar los muros y cultivar el sueño de la unidad”, declaró luego el papa en la catedral.

”Necesitamos acoger e integrarnos, caminar juntos”, añadió refiriéndose a la crisis de los migrantes en el Mediterráneo, “un mar que fue cuna de tantas civilizaciones, donde aún hoy desembarcan personas, pueblos y culturas de todas partes del mundo”.

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