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Por RFI

La desaparición del olfato y el gusto es uno de los síntomas más desagradables para quienes desarrollan formas leves de Covid-19, pero para los profesionales que dependen de estos sentidos para sobrevivir, es la secuela más temida de la enfermedad. Enólogos, perfumistas, cocineros... la lista de profesiones amenazadas por el coronavirus es variada. En un lugar como Francia, donde estas profesiones gozan de especial prestigio debido a la influencia mundial del país, el tema se toma en serio.

En los perfumes, la precisión del olor es tan determinante que al perfumista francés se le llama "la nariz" de dicha marca. Ahora imagine que, de un día para otro, la "nariz" ya no percibe las sutiles notas de las fragancias. 

Le ocurrió a la joven Adelaïde Sauol, de 22 años, estudiante de la Escuela Superior de Perfumería, en París. Contrajo el Covid hace casi un año y hasta ahora no ha recuperado del todo el sentido, una situación que amenaza su sueño profesional.

"Percibo la diferencia, pero apenas. No puedo distinguir entre una naranja, una mandarina y un limón, por ejemplo. Sólo siento que es un olor a cítricos, pero no puedo avanzar más allá", explica la joven. "Me cuestioné mucho si realmente podía dedicarme a esta profesión. Veía que mis compañeros avanzaban y yo me quedaba atrás. Todavía me queda un año para recuperar este sentido y decidir qué dirección puedo tomar: si la creación de perfumes, como he querido desde que era una niña, o si tendrá que ser el marketing", se lamenta Adelaïde.

La directora de la escuela, Chantal Artagnan, comprende la angustia de los alumnos ante los riesgos de un largo Covid, como se denominan los síntomas persistentes de la enfermedad. La anosmia afecta a cerca del 15% de los contaminados durante dos meses, pero para el 4,7% de ellos, el sentido del olfato sólo se recupera completamente después de seis meses y, en el 2% de los casos, sólo después de un año. En este periodo, un profesional de la perfumería experimentado puede seguir trabajando, basándose en su memoria olfativa, pero su rendimiento se verá afectado.

"Un perfumista está realmente afectado, porque necesita entrenar su nariz todos los días. Si hacemos una analogía con un músico, para él es difícil componer sin su instrumento", compara el director. "Muchos perfumistas recuperan la mayor parte del sentido del olfato, pero sigue habiendo una distorsión de los olores que hace que sea complicado seguir adelante. Esta es la parte más difícil de reeducar: es necesario recrear las referencias, recrear los vínculos entre un olor y su objeto. Por tanto, hay un problema que puede durar mucho tiempo y que puede llevar a reorientar la carrera", señala.

La reeducación olfativa es esperanzadora, pero todavía poco accesible

Tras la pandemia, lugares especializados como el Instituto Superior de Perfume desarrollaron cursos de reeducación olfativa y gustativa, con formación práctica y apoyo psicológico para reconectar el bulbo olfativo, afectado por el virus, con el cerebro. Los representantes de los sectores directamente afectados hacen campaña para que la anosmia y las secuelas similares sean reconocidas como discapacidad laboral mientras duren los síntomas y quieren que la reeducación olfativa esté cubierta por la seguridad social francesa.

"Estas consecuencias son desastrosas para nuestra profesión. Necesitamos absolutamente nuestras ’herramientas’, nuestro olfato y nuestro sentido del gusto, para poder degustar", subraya Didier Fages, presidente de la Unión de Enólogos de Francia. "La reeducación es posible, pero requiere mucha formación y es imprescindible para poder realizar las pruebas olfatométricas, que evalúan las pérdidas de un enólogo, por ejemplo. Queremos que estas pruebas sean reembolsadas".

Fages señala que los profesionales autónomos no suelen tener un seguro médico que cubra los costes de la rehabilitación, por lo que vuelven a trabajar aunque sus sentidos sigan deteriorados. En la industria del vino, que emplea a casi 500.000 personas en Francia y genera 13.000 millones de euros en exportaciones cada año, la contaminación por Covid se ha convertido en un tabú.

La contaminación por covid se convierte en tabú entre los profesionales del vino

Sophie Pallas, directora general de la Unión de Enólogos de Francia, se infectó con el coronavirus y no pudo probar ni oler el vino durante tres semanas.

Dice que para un profesional del vino no basta con recuperar el 95% de su olfato, sino que es el 5% restante lo que la diferencia de un mero conocedor de la bebida.

"No conozco, al menos hasta ahora, a ningún viticultor que se haya visto obligado a abandonar su profesión. Pero todos hemos tenido ese cuestionamiento: ¿vuelvo a estar como antes? Nos quedamos en una incertidumbre que es muy difícil de vivir, psicológicamente", dice Pallas. "Cuando tuve Covid, sentí sobre todo la acidez de los vinos, algo de astringencia, y sentí exageradamente el alcohol, que me quemaba la boca. En otras palabras, se acabó todo el placer y la emoción de degustar un vino. Por eso, muchos viticultores ni siquiera dicen que han sido afectados, porque temen por su propia imagen", afirma.

Didier Fages señala que la Covid-19 es sólo una de las enfermedades que pueden provocar anosmia, que ya afectaba a los profesionales dependientes del sentido del olfato. Una simple gripe puede dejar sin sentido durante varias semanas. El "efecto coronavirus" ha puesto sobre el tapete el problema: la categoría exige ahora un mejor seguimiento de los casos en general, independientemente de la pandemia.

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