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El icónico lago Ypacaraí, el principal centro tradicional de veraneo de la zona metropolitana de Asunción, sufre un histórico descenso del nivel de las aguas, que pone en riesgo el turismo interno que las autoridades promueven por la pandemia.

Conocido por la canción "Recuerdos del lago azul de Ypacaraí", se encuentra en sus niveles más críticos, con las orillas retiradas a más de 100 metros de su marca normal.

"La falta de lluvias por el fenómeno 'La Niña', que se produce cuando las corrientes de agua vienen frías en el Pacífico ecuatorial, repercute en el llenado de ríos, arroyos y lagos", dijo a la AFP Nelson Pérez, subdirector de Hidrología, perteneciente a la Dirección de Meteorología.

La sequía del lago, de unos 24 km de largo por unos seis de ancho, se registra desde julio y se proyecta hasta fines de diciembre, según el experto.

La depresión de los cauces hídricos afecta a toda la cuenca del río Paraguay, que nace en el Pantanal brasileño y recorre por espacio de 1.000 km el territorio paraguayo.

Las barcazas ya no llegan a Asunción, salvo las de pequeño y mediano porte debido al descenso del nivel de las aguas. La situación repercute hasta en el agua potable que deja por horas a barrios enteros sin el suministro.

"En diciembre pueden volver las lluvias en cantidad razonable. No sabemos si alcanzarán las normales pero mitigarán este nivel tan bajo. En toda la región de los ríos Paraguay y Paraná las aguas están muy por debajo de las históricas", explicó el hidrólogo.

El panorama se torna desolador en San Bernardino, el principal núcleo de turismo, desde donde se divisa uno de los paisajes más representativos del país, por su fauna, flora y su relieve de serranías que atrae el turismo.

"La punta del muelle de madera que mandé construir hace un año con una entrada al lago de 30 metros quedó 100 metros atrás de la actual orilla", señaló Javier Elizondo, propietario de una de las decenas de casas de veraneo.

El lago Ypacaraí no solo tropieza con el problema climático sino también con la contaminación. Se usa como depositario de las cloacas de las ciudades ribereñas (cinco en total) así como de los residuos que arrojan las industrias, especialmente curtiembres.