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Los centros de esquí de Santiago de Chile lograron abrir casi al final de la temporada invernal bajo estrictas medidas sanitarias por el coronavirus y con abundante nieve, a diferencia del año pasado cuando apenas nevó.

Las estaciones de esquí El Colorado y Farellones, en la cordillera de Los Andes, a unos 74 km al este de Santiago, abrieron sus puertas hace una semana tras ser autorizadas conforme los casos de coronavirus lograron ser estabilizados y se levantó la cuarentena en algunas comunas capitalinas.

"Esto ha sido un proceso súper largo. Esta es una temporada que nos tocó con muchísima nieve y que nos hubiese gustado abrir antes, pero por la pandemia mundial, que también es un tema local, esto no se ha podido", dijo a la AFP José Pablo García, director comercial de El Colorado y Farellones.

Con cerca de 405.000 contagiados y 15.000 muertos entre confirmados y sospechosos registrados desde el 3 de marzo en Chile, el gobierno y los centros de esquí acordaron un protocolo sanitario que les permitió al fin abrir sus puertas.

Las medidas están basadas en tres pilares: el autocuidado con el uso obligatorio de mascarillas y la entrega de guantes, el distanciamiento social y la sanitización de todos los ambientes, de los equipos y andariveles que los visitantes utilizan. Además, están cerradas áreas comunes y restaurantes.

Reinventarse 

El retraso en el inicio de la temporada ocasionó perjuicios laborales y económicos que los directores de los centros de esquí aún no calculan, ya que prefieren abocarse a lo que queda de la temporada e incluso, analizan la forma de extenderla lo más posible, aprovechando la gran cantidad de nieve acumulada.

"Ha sido muy complicado y hemos tenido que reinventarnos al igual que todas las empresas que estamos viendo cómo podemos salir de aquí jugando como se pueda, de tal forma de tener una temporada que nos permita llegar a la próxima", agregó García.

La apertura se realizó de forma gradual permitiendo, primero, el ingreso de 200 esquiadores y snowboarders, pero esperan alcanzar los 2.500, lo que representa un 30% de la capacidad total de ambas estaciones. El personal también fue reducido a 100 trabajadores de los 700 con los que normalmente operan.

Con las fronteras cerradas, sólo recibirán a turistas locales y también a deportistas, quienes sólo quieren dejar atrás el coronavirus y prepararse para competencias internacionales o alcanzar el sueño de clasificarse a los Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing-2022.

"Para mí personalmente fue una manera de repensar el deporte de nuevo; en la suerte que tengo de estar afuera y que este es un deporte que me permite conocer gente y compartir", dijo Mathilde Schwencke, parte del equipo olímpico chileno de esquí.

Intensas nevadas 

Con las nevadas más intensas de los últimos 20 años, que superan los tres metros, los centros de esquí estiman que la temporada podría extenderse incluso hasta noviembre. Para ello esperan utilizar también máquinas para fabricar nieve artificial, las mismas que usaron el año pasado cuando la nieve fue escasa y no superó los 30 centímetros.

La menor caída de nieve ha sido un fenómeno que se repitió en los últimos años y que según los expertos, se debe a las variaciones y ciclos climáticos que se han acentuado a causa del cambio climático en el centro de Chile, con escasas lluvias y nieve, además de una sequía que afecta por décadas a esta zona, pero que se vio en algo aliviada por intensas precipitaciones que cayeron este año.

"Las condiciones que se dieron en el océano Pacífico en este invierno son especialmente buenas para generar mayor cantidad de lluvia y nieve de lo que esperábamos", dijo a la AFP Raimundo Bordagorry, académico y experto en cambio climático de la Universidad Diego Portales.

A futuro, los expertos coinciden en que los centros de esquí del centro de Chile registrarán condiciones más extremas con periodos más cortos para operar a causa del cambio climático.