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Para Portland, los conflictos sociales y los disturbios callejeros no son novedad. Esa ciudad del estado de Oregon tiene una larga historia de activismo obrero y desafío a la autoridad pero también un oscuro pasado segregacionista.

De manera que Portland, pese a su pequeña población negra, no fue un inesperado escenario de las protestas contra el racismo que agitaron a Estados Unidos y llevaron a su presidente Donald Trump a enviar agentes federales.

Los manifestantes se han movilizado casi cada noche desde que en mayo el afrodescendiente George Floyd murió asfixiado bajo la rodilla de un policía blanco en Minneapolis.

Aunque Portland, de 650.000 habitantes, comenzó a forjar su reputación de militancia ultraizquierdista durante los agitados años de la década de 1960, tal como ocurrió con Seattle, al norte, y San Francisco, más al sur.

Y desde la elección presidencial de 2016, Portland simboliza la oposición más virulenta contra Trump y su Partido Republicano.

"Políticos izquierdistas antiautoritarios ... han estado presentes en la verdadera cultura de protesta de Portland en los últimos 30 años o más", dijo Joe Lowndes, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Oregon.

"Pequeña Beirut" 

La ciudad se ganó el apodo de "Pequeña Beirut", en referencia a la larga guerra del Líbano luego que el entonces presidente George H.W. Bush se encontró con barricadas, neumáticos ardiendo y cánticos hostiles.

"Más recientemente hubo mucho de una especie de trabajo antifascista en las calles de Portland", peleando contra ultraderechistas y grupos supremacistas blancos, dijo Lowndes.

Protestas y "ataques violentos" de esos grupos ultraderechistas contra residentes de Portland emergieron en 2016, añadió, e indujeron a "una activa red de activistas antifascistas que fue creciendo en los últimos años", dijo.

En noviembre de 2016 una manifestación contra la elección de Trump derivó en tres días de disturbios y choques con la policía.

La pandemia de covid-19 en principio atemperó los ánimos y restauró la calma en las calles.

Pero después, escenas de supremacistas blancos y neonazis peleando contra encapuchados anarquistas "antifa" (antifascistas) se tornaron cosa común.

"Es una especie de campo de batalla para los extremistas", dijo Lowndes. 

Retroalimentación 

"Dado que Portland ganó reputación de liberal, radical (y) progresista, la gente pasó a compartir esas posiciones y se generó una suerte de retroalimentación haciendo que la ciudad se radicalizara más", dijo Steven Beda, académico de historia de la Universidad de Oregon.

Pese a su fama de santuario izquierdista, la ciudad y el estado fueron producto de instituciones racistas, apuntó Beda.

El Ku Klux Klan "tuvo una fuerte presencia en Oregon en los años de 1920. Actualmente tiene la mayor tasa de miembros per cápita... y en los años de 1920 hubo una muy cercana relación entre los políticos y el Klan", dijo.

En 1926, leyes locales prohibían la entrada de negros al estado so pena de ser azotados; un castigo que se repetía cada seis meses si seguían allí.

Una historia de racismo 

De manera que el radicalismo debe estar acompañado "de una conversación sobre la historia de exclusión y racismo en Portland", donde solo seis por ciento de la población es negra.

La recientes tensiones exacerban las largamente dañadas relaciones entre la mayoría de los residentes y las autoridades, dijo Lownes, lo cual contribuye al rechazo a la llegada de agentes federales.

"Los dos o tres años anteriores de protestas políticas en Portland crearon una fractura", estimó Michael German, un exagente del FBI que trabaja para un centro de estudios de Nueva York.

"Cuanto más agrede la policía, más agresiones recibe", señaló al diario The Washington Post.