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Subido en una escalera que parece interminable, Shhoeurm Try asciende descalzo y sin protección los 65 metros de la torre más alta del templo de Angkor Wat y luego retira, con sumo cuidado, la vegetación que amenaza con dañar las fachadas de esta maravilla de la arquitectura jemer.

"Si cometes un solo error, no sobrevives", explica a la AFP el jardinero acróbata, una vez en tierra.

Esto no lo disuade de continuar su lucha contra la naturaleza para proteger las decenas de edificios religiosos de Angkor, maltratados por la vegetación tropical y las lluvias monzónicas.

"Cuando los árboles pequeños crecen, sus raíces hacen caer las piedras", explica.

Como él, una treintena de jardineros inspeccionan el gigantesco sitio, de 162 hectáreas, situado cerca de Siem Reap (norte), al acecho del menor arbusto instalado en las grietas de las rocas.

Edificado bajo el imperio jemer (siglos IX-XIV) y declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco desde 1992, el parque arqueológico está desierto desde la crisis del coronavirus.

Solo unas 50 personas lo visitan cada día, frente a las 9.000 que lo frecuentaban antes de la pandemia, según datos de las autoridades.

La naturaleza continúa su trabajo y dejar los templos sin cuidado podría hacer resurgir la visión del francés Henri Mouhot cuando hizo descubrir a Occidente en 1859 la "ciudad perdida" de Angkor, abandonada desde hace siglos.

Los edificios religiosos de piedra arenisca eran los únicos sobrevivientes. La vegetación, el monzón y las termitas habían acabado con las casas y los palacios de madera cubiertos de teja y paja.

Hay que preservar a toda costa los templos "para las generaciones más jóvenes", subraya Chhoeurm Try, después de trepar bajo la mirada admirativa de los pocos turistas presentes y de monjes budistas.

- Sin red -

No se utilizan cuerdas o material de escalada que puedan dañar las frágiles esculturas de piedra. En cuanto a un andamio, tardaría semanas en ser construido y luego retirado.

Llevar equipo de protección "podría causar más problemas" a los jardineros, protegidos solo por un casco, explica Ngin Thy, el jefe del equipo. "Es más seguro llevar simplemente un par de tijeras y trepar directamente con las manos desnudas", comenta.

Sobre todo porque algunos pasajes son estrechos y hay que colarse entre las esculturas, evitando tocar los frisos.

"En los templos de ladrillo es aún más difícil", explica Chhoeurm Try, cuyo casco se partió en dos por el desprendimiento de un ladrillo hace algunos años.

La Autoridad para la Protección del Sitio y la Gestión de la Región de Angkor (APSARA), que administra el parque, está buscando un producto para detener el crecimiento de las raíces.

"Si podemos usarlo, reduciría la carga (de trabajo)" de los jardineros, precisa el subdirector de APSARA, Kim Sothin. Pero "primero debemos probarlo, nos preocupa que también dañe las piedras", añade.

Mientras tanto, los jardineros acróbatas deben proteger como pueden el esplendor de Angkor Wat.

"Algunos no quieren hacer este trabajo porque es demasiado peligroso", confiesa Oeurm Amatak, de 21 años. Se unió al equipo durante un año como aprendiz y aún no se atreve a escalar todos los templos. "Esto no es para todo el mundo", resume.