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De boina roja estilo militar y chaqueta aviadora de satén, el voluntario en la lucha contra el crimen Arnaldo Salinas patrulla un barrio de Nueva York donde han aumentado los robos durante el confinamiento debido al coronavirus.

Salinas es miembro de los Ángeles Guardianes, un grupo no armado que protege a los residentes de la Gran Manzana -y realiza incluso arrestos-, blanco de polémica desde hace cuatro décadas.

"Si vemos una beligerancia, un crimen, intervenimos", explica este robusto hispano de 58 años.

Curtis Sliwa, un popular conductor de un programa radial conservador, era gerente nocturno de un McDonald's en 1979 cuando la elevada tasa de criminalidad en Nueva York le motivó a fundar los Ángeles Guardianes.

Comenzaron con 13 voluntarios que hacían patrullas de seguridad pública en el mugriento y peligroso sistema de metro de la ciudad, donde las rapiñas y los apuñalamientos eran comunes.

5.000 ángeles 

Hoy, la asociación sin fines de lucro, que recibe donaciones, opera en 130 ciudades de 13 países.

Hay más de 5.000 "ángeles guardianes" hombres y mujeres en todo el mundo, incluidos 150 en Nueva York, según Sliwa, de 66 años.

La insignia del grupo está bordada en sus uniformes rojos: un ojo que puede verlo todo entre un par de alas de ángeles.

Vigilan los entornos de las sinagogas a raíz del alza de los ataques antisemitas y avergüenzan a hombres acusados de toquetear a mujeres en el metro en carteles de "Se busca", a través de su iniciativa "cazadores de pervertidos".

Aunque la crisis generada por la enfermedad Covid-19, que ha matado a casi 20.000 personas en Nueva York, ha resultado en un menor índice general de crímenes, han aumentado en particular los asesinatos, robos a comercios y de automóviles.

En abril, durante el ápice de la pandemia, los robos a comercios aumentaron 169%, según cifras de la policía.