Escucha esta nota aquí

El ex presidente brasileño Lula da Silva está, literalmente, con un pie en la Presidencia de Brasil y con el otro en la cárcel. El exobrero,  que gobernó el país durante siete años (2003-2010) con el Partido de los Trabajadores (PT), es señalado como el ‘comandante máximo’ de la red de corrupción en Petrobras, pero también es favorito para ganar las elecciones presidenciales en 2018.

“Si cometí un crimen, pruebe que cometí un crimen. Expóngalo a la sociedad y Lula será castigado como cualquier ciudadano (…) ¡Pero por el amor de Dios, presenten una prueba!”, exclamó Lula en su declaración de cinco horas el miércoles en Curitiba ante el juez Sergio Moro.

La histórica comparecencia del más popular de los ex mandatarios brasileños ante la justicia polarizó al país entre quienes lo creen víctima de una persecución política y los que consideran que es artífice de la red de sobornos pagados por constructoras a políticos para obtener contratos en Petrobras. Puntualmente, Lula fue interrogado por sospechas de que había recibido un tríplex en un balneario de San Pablo como retribución de favores otorgados a la constructora OAS, implicada en el escándalo de los sobornos en Petrobras.


Desde los días previos, la prensa brasileña anunció el interrogatorio como un choque de titanes en el ring. En criterio de Joaquín Ernesto Palhares, director de la revista Carta Mayor de San Pablo, el expresidente está sufriendo una persecución mediática, además de la política que denunció el mentor político de la expresidenta Dilma Rousseff, que fue apartada del cargo en 2016 en un juicio político en el Congreso. 

El drama de Lula comenzó en abril de 2014, según el izquierdista Palhares que aclaró no ser militante del PT en conversación telefónica con EL DEBER, cuando Rousseff fue el objetivo de la élite brasileña, e “hicieron de todo para sacarla del poder. Junto con ella trataron de destruir el PT”, que gobernó el país por 16 años. “Ahora que lo lograron, ya no se habla de Rousseff, sino de Lula porque las encuestas muestran que tiene intención de voto muy elevado”, argumentó. 

Efectivamente, sus palabras coinciden con las cifras. Al menos el 30% de la intención de los votos de los brasileños se inclina por Lula, según la última encuesta de Datafolha. La ex candidata presidencial Marina Silva, que perdió la elección ante Rousseff en 2014, se ubica en segundo lugar con el 11%. 
Lo curioso del estudio es que incluye al juez Moro, que investiga al expresidente del PT, en el estudio y se ubica en cuarto lugar con el 9%. 

El periodista brasileño aseguró que Lula tiene posibilidades reales de ganar la elección presidencial de 2018, pero no así de gobernar el país. “No tendrá partido ni apoyo si gana las elecciones para hacer lo mismo que hizo en la última gestión: formar un presidencialismo de coalición con acuerdos con los demás partidos”, opinó. 

“La situación de Lula es crítica”, según Thiago de Aragao, analista político de Arko Advice, porque todos los políticos y empresarios encarcelados por la corrupción en Petrobras lo incriminan en sus declaraciones, mientras que él y su defensa simplemente dicen que no sabía nada, según el reporte del canal CNN.

Cuando el juez Moro preguntó al expresidente, durante la comparecencia en el Tribunal Federal de Curitiba, si estaba al tanto de las irregularidades en Petrobras, Lula respondió: "No. Ni yo, ni usted, ni el Ministerio Público, ni Petrobras, ni la prensa, ni la Policía Federal. Todos nos enteramos cuando (los primeros sospechosos) tuvieron sus teléfonos intervenidos".

El patriarca
Alejado del poder desde hace siete años, Lula continúa movilizando adeptos, sobre todo entre las camadas más pobres de la población, un nicho electoral que el exmandatario intenta reconquistar de cara a las elecciones de 2018.

El respaldo al exmandatario se hizo evidente durante su interrogatorio en Curitiba, con la presencia de organizaciones como los Sin Tierra. “Solo él nos ha ayudado. Mi familia empezó trabajando la tierra con las manos y hoy tiene un tractor", contó José Antonio, un campesino que hoy vive en una casa de madera gracias, dice, al trabajo que Lula generó, según AFP.

El expresiente es un candidato competitivo en cualquier situación, de acuerdo con Aragao, de Arko Advice, “así sea condenado, muchos votarán por él. Brasil es un país con una flexibilidad moral muy grande. Los seguidores de Lula lo apoyarán de todas formas, así sea sentenciado”. 

No obstante, otros brasileños como Narli Recente, portavoz del Movimiento Curitiba contra la corrupción, dijo: “Queremos un Brasil limpio y honesto. Estamos contra el Brasil corrupto que mata en los hospitales públicos. No queremos venganza, queremos justicia”. 

Comentarios