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Los franceses le confiaron un nuevo mandato de cinco años al mandatario centrista Emmanuel Macron en el balotaje frente a Marine Le Pen, que pese a perder logró el mejor resultado de la extrema derecha en una elección presidencial en el país.

Según las primeras estimaciones, el candidato de La República en Marcha (LREM) obtuvo entre 57,6% y 58,2% de votos, una victoria más estrecha que en 2017 cuando derrotó a su rival de la Agrupación Nacional (RN) con un 66,1% de votos contra 33,9%.

“Gracias por estar de nuevo ahí”, dijo Emmanuel Macron a los apoderados tras votar en la ciudad costera de Le Touquet (norte). Marine Le Pen ya había votado previamente en su bastión de Hénin-Beaumont, también en el norte del país.

Según los últimos sondeos publicados el viernes, el candidato de La República en Marcha (LREM), de 44 años, se impondría a su rival de la Agrupación Nacional (RN), de 53 años, con una ventaja menor que en 2017, cuando se proclamó presidente con un 66,1% de votos.

Cinco años después, Francia no es el mismo país: protestas sociales marcaron la primera mitad del mandato de Macron, una pandemia mundial confinó a millones de personas y la ofensiva rusa en Ucrania sacudió con fuerza el continente europeo.

La guerra a las puertas de la Unión Europea (UE) sobrevoló la campaña, aunque la principal preocupación de los franceses fue su poder adquisitivo, en un contexto de aumento de los precios de la energía y de la alimentación.

Más allá de escoger entre dos modelos de sociedad, los electores tienen entre sus manos escoger qué lugar en el mundo quieren para esta potencia económica y nuclear hasta 2027, una decisión que podría implicar cambios de alianzas si gana Le Pen.

La heredera del Frente Nacional propone inscribir la “prioridad nacional” en la Constitución, para excluir a los extranjeros de las ayudas sociales, y aboga por abandonar el mando integrado de la OTAN y reducir las competencias de la UE.

El mandatario saliente aboga en cambio por más Europa, ya sea en materia económica, social o de defensa, y recuperar su impulso reformista y liberal, con su propuesta estrella de retrasar la edad de jubilación de 62 a 65 años, que en 2020 ya creó protestas masivas.

 “Entre la peste y el cólera, debemos tomar la decisión correcta”, aseguró Pierre Charollais, un jubilado de 67 años en Rennes (oeste), abogando por un “voto responsable” en un contexto “particular” por la guerra en Ucrania y la presidencia francesa de la UE.

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