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Los marroquíes votaron este miércoles en unas elecciones legislativas y locales que decidirán el futuro del partido islamista PJD, en el poder desde hace una década y que denunció "grave irregularidades" durante los comicios.

"Seguimos con una viva preocupación el desarrollo de las elecciones a nivel nacional. Hemos observado varias irregularidades", indicó el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) en un comunicado publicado por la tarde.

Este partido islamista moderado denunció "la distribución obscena de dinero" cerca de los centros de votación, así como "confusiones" sobre algunas listas electorales, ya que algunos ciudadanos no encontraban su nombre en ellas. El PJD exhortó a las autoridades a intervenir "severa y rápidamente" para "no manchar la transparencia de las elecciones".

La tasa de participación alcanzó el 36% a nivel nacional a las 17:00, según el ministerio del Interior. Las primeras estimaciones llegarán por la noche.

"Desde esta mañana, la adhesión de los ciudadanos es notable, es quizás una prueba de que la tasa de participación será respetable y eso es muy importante", comentó el jefe de gobierno, Saad-Eddine El Othmani, el secretario del PJD (Partido de la Justicia y el Desarrollo).

Es la primera vez que los cerca de 18 millones de electores eligen sus 395 diputados y más de 31.000 gobernantes comunales y regionales.

Para el diario L'Economiste la tasa de participación es "la verdadera clave de los comicios" este miércoles. En las legislativas de 2016, la participación se situó en 43%.

El jefe de gobierno sale del partido que lidera los comicios legislativos. Es nombrado por el rey Mohamed VI y forma un ejecutivo para un mandato de cinco años.

Pero en este país de 36 millones de habitantes, las grandes decisiones en los sectores estratégicos como la agricultura, la energía o la industria provienen de las iniciativas del monarca.

El PJD espera conseguir un tercer mandato al frente del gobierno. La formación se alzó con una victoria electoral histórica tras las protestas del "Movimiento del 20 de febrero", versión marroquí de la Primavera Árabe de 2011, que reclamaba el fin de "la corrupción y el despotismo".

"Una visión clara" 

Durante dos semanas, la campaña electoral, marcada por la ausencia de grandes mítines debido a la pandemia, fue bastante apática.

Pero en los últimos días el tono subió entre el PJD y su rival liberal, la Unión Nacional de Independientes (RNI), los dos favoritos. 

Otras formaciones que sobresalen, según los medios locales, son los liberales Partido Autenticidad y Modernidad (PAM) y el Partido de Istiqlal (centro-derecha), ambos en la oposición.

Durante la campaña, el PJD denunció el uso "masivo" de dinero para comprar candidatos y votos, pero sin dar nombres. En cambio, el líder del PAM, Abdellatif Ouahbi, acusó directamente al RNI, que desmintió los hechos. 

Con estas elecciones será la primera vez, desde que se realizaron los primeros comicios en Marruecos en 1960, que la repartición de escaños será calculada a partir del número de electores inscritos y no según los votantes.

Este nuevo cálculo perjudicará a los grandes partidos y beneficiará a las pequeñas formaciones. Pero solo el PJD se opuso a la reforma.

Si obtuviera el mismo resultado que en 2016, el partido islamista conseguiría, según estimaciones, entre 80 y 85 escaños, frente a los 125 de entonces. Si gana de nuevo, esto complicaría la formación de una nueva coalición gubernamental.

La campaña electoral se ha caracterizado por una falta de posicionamiento claro de los partidos en cuestiones claves de la sociedad.

"Queremos unos políticos con una visión clara y no gente que gestione las cosas en el día a día", declaró a la AFP Abdeljalil Skaiti, de 43 años, en Rabat.

Sea cual sea el resultado de los comicios, todos los partidos políticos tendrán que adoptar una carta que prevé una "nueva generación de reformas y proyectos", como lo indicó recientemente Mohamed VI en un discurso.


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