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El llamado de emergencia desde la cárcel de Guayaquil llegó el martes (23.02.2021) a las 7:12 de la mañana. El del establecimiento carcelario de Cuenca, poco después, a las 9:00. Y el de la prisión de Latacunga, supuestamente la cárcel más segura de Ecuador, a las 10:29 hs. Pero cuando los policías trataron de ingresar se encontraron con las puertas bloqueadas y con incendios intencionales que les vedaron el paso.

Mientras tanto, en el interior de las cárceles, las imágenes de horror se suceden: algunos prisioneros son ahorcados, otros desmembrados con motosierras. Muchos cadáveres son quemados después. Y todo eso es filmado en video en tiempo real. En las imágenes no se ve ni a un solo guardia, no se escuchan sirenas de alarma, ni hay huellas de ningún helicóptero que intente poner fin a la carnicería.

El balance de la catástrofe: 78 muertos como resultado de las masacres entre bandas rivales, prácticamente al mismo tiempo y en tres lugares diferentes. Y la Policía ¿no sabía nada, llegó demasiado tarde y solo pudo mirar sin hacer nada?

"Las cárceles de Ecuador son tierra de nadie”

¿Qué es lo que anda mal en las cárceles de Ecuador? Stefan Krauth, un jurista alemán que trabajó como cooperante internacional, asesorando a la administración carcelaria del país, conoce las prisiones desde dentro. Y habló con muchos presos que siguen allí, temiendo por sus vidas, encarcelados por motivos a veces dudosos, y bajo condiciones catastróficas.

Es por eso que Krauth no se sorprende en absoluto de estos crímenes sin precedentes: "Hay cárceles en las que las celdas están totalmente sobrepobladas. Allí solo se trata de sobrevivir. Las cárceles de Ecuador son tierra de nadie”, dice a DW.

¿Dónde comenzar a buscar los motivos que prepararon el terreno para las masacres del 23 de febrero? ¿En el gobierno ecuatoriano, que hace cuatro años todavía gastó 153 millones de dólares en el sistema carcelario, pero ahora solo quiere pagar 91 millones? ¿En la falta de personal? 

En Ecuador, un guardia es responsable de 26 prisionerosLas Naciones Unidas recomiendan una relación de 1 cada 10. En Ecuador faltan más de 3.000 guardias carcelarios. Tal vez otra razón sea la sobrepoblación de las cárceles: en 2009 solo había 11.500 personas en prisión en el país; hoy son más de 40.000. 

Uno de cada tres reos está en prisión preventiva. Si se tiene mala suerte, se puede aterrizar en la celda de un asesino solo por vender un poco de marihuana.

Ecuador quiere emular la política de seguridad de EE. UU.

"Estoy seguro de que, en Alemania, la mitad de los sospechosos no estaría en prisión por delitos menores, como la venta de pequeñas cantidades de droga”, dice Krauth, "pero EE. UU. le dijo a Ecuador que si quería participar en la guerra contra el narcotráfico, tendría que implementar juicios rápidos. De ese modo, un delincuente puede ser castigado con 10 años de cárcel en 24 horas".

Pero Ecuador no solo aprendió de la mano dura de EE. UU. en lo referente a posesión de drogas, sino también en cuanto a cómo tratar a las bandas de delincuentes que se pelean en las cárceles, asegura Stefan Krauth. 

"La autoridad contra las drogas de EE. UU., la DEA, se preguntó cómo podía controlar de la mejor manera a las bandas en las cárceles. La respuesta es: si la banda A es demasiado fuerte, le doy armas a la banda B, para anular al líder de la banda A. Y lo que resulta de eso, lo hemos visto el 23 de febrero”, explica el experto.

Las bandas de las prisiones de Ecuador llevan nombres como "Los lobos”, "Latin Kings”, o los "Choneros” (de Chone, un pueblo en la costa ecuatoriana). La brutalidad de los asesinatos en las cárceles no tiene precedentes. En 2019, al líder de los "Choneros” le cortaron primero las piernas, y después los brazos.

Finalmente, los perpetradores filmaron también la decapitación, y las imágenes circularon un largo tiempo por internet. Lo más macabro fue que luego jugaron al fútbol con la cabeza de la víctima. Eso no es casualidad, dice Krauth: "La Policía dejó, a plena luz del día, un ala de la cárcel abierta para que los miembros de la otra banda pudieran entrar allí”.

El rol de la Policía en las masacres

En este contexto, cabe preguntarse cuál es la responsabilidad de la Policía, que controla las entradas de la cárcel, en la muerte de los 78 presos. Para ingresar a una prisión de Ecuador hay que pasar una serie de controles y escaneos para detectar metales, y hay sacarse los zapatos.

"No se puede entrar ni siquiera con una moneda”, dice el abogado alemán. "Eso significa que los defensores públicos tienen que dejar afuera algunos dólares para poder volver en taxi”. Entonces, ¿cómo llegan allí los machetes y las motosierras con los cuales se masacraron las bandas? "Es inimaginable que, sin el conocimiento de la Policía, pueda entrar algún tipo de arma”, dice Krauth. 

"La Policía en Ecuador es parte de la criminalidad organizada, es una organización mafiosa”, dice.

¿Cómo cambiar la política carcelaria de Ecuador?

Según Stefan Krauth, lo primero sería mejorar las condiciones para los presos. Eso empieza con el acceso a agua potable, y sigue con la adquisición de colchones para que no duerman en el suelo. 

Debería haber más personal en las cárceles: ahora son solo unos 1.600 empleados. Y se les debería pagar puntualmente, ya que a veces deben esperar meses para cobrar su salario, de unos 1.000 dólares, por lo cual son muy propensos a aceptar sobornos. A su juicio, un buen programa de testigos, realista, sería necesario, no uno que promete que estos despertarán al otro día en Miami con una visa, y no lo cumple.

El jurista dice que también habría que modificar las reglas contra el coronavirus para que ningún preso más tenga que morir porque no puede recibir sus medicamentos debido a la prohibición de visitas. Y aboga por una política de resocialización, que en Ecuador solo existe en los documentos.

Pero, sobre todo, Stefan Krauth dejaría en libertad a un 25 por ciento de los presos, es decir, que amnistiaría a los que están en la cárcel por haber cometido delitos leves con drogas, para aliviar la situación carcelaria en Ecuador. "No se puede encerrar a 40.000 personas y querer que eso no cueste nada”, subraya.

(cp/ers)

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