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El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO), al igual que su homólogo brasileño Jair Bolsonaro, está entre los que rechazan los cierres estrictos, así como las pruebas masivas o el uso de mascarillas. AMLO continuó viajando por todo el país, incluso, durante la pandemia, abrazando a sus partidarios y predicando durante meses que lo peor ya había pasado.

Mientras tanto, el número de infecciones también está aumentando en México. Actualmente, hay 12.000 nuevas infecciones al día, aproximadamente el doble que en el verano. Hasta ahora, más de 118.000 personas han muerto a causa del COVID-19 en México, y más de 1,3 millones han sido infectadas.

Buenas noticias en medio de aumento de casos

"Es una muy buena noticia que ya se inicie la vacunación", comentó a DW Malaquías López Cervantes, catedrático de Medicina de la Universidad Autónoma del Estado (Unam). Pero el experto en política sanitaria también ve una desventaja: "El inicio de la vacunación implica muy pocas dosis y un alcance limitado. Lo que sucede después de eso aún no está claro". 

Según López Cervantes, todavía hay algunos obstáculos en el camino hacia una inmunización integral.

El comienzo de la vacunación este martes (22.12.2020) ha quedado en manos de los militares y será promocionado públicamente por el Gobierno. El jefe de Estado planea dar una conferencia de prensa sobre el tema. Para la ocasión están previstas 125.000 unidades de la vacuna recientemente aprobada Pfizer-BioNTech. 

En primer lugar, se vacunará al personal médico, y solo en dos de los 32 estados. Entre estos se encuentra la capital, que es uno de los puntos críticos del país con una población de 8,8 millones, y el estado norteño de Coahuila. No está claro por qué se eligió este último estado. En cualquier caso, según López Cervantes, allí no hay mayor urgencia médica como en otros lugares del país.

Un plan con muchas interrogantes

La forma sobre cómo se deberá proceder después del inicio de la vacunación está establecida en el papel: para febrero de 2021, todos los médicos que atienden a pacientes con COVID-19 deben estar vacunados, para abril de 2021 el resto de los trabajadores de salud y personas mayores de 60 años, para mayo de 2021 personas mayores de 50 años, hasta junio los mayores de 40 años. El resto de la población debe vacunarse antes de marzo de 2022.

La vacuna será gratuita, según prometió López Obrador. Sin embargo, no está claro si habrá suficientes dosis para los 126 millones de mexicanos y cuándo. Se ha firmado un contrato con la farmacéutica Pfizer por al menos siete millones de vacunas, pero la fecha de entrega no está clara. 

También se logró un acuerdo preliminar por 35 millones de dosis con el fabricante chino CanSino, que está realizando pruebas con 6.000 voluntarios en México, pero la vacuna aún no está aprobada en México. 

Lo mismo ocurre con el la compañía estadounidense Johnson & Johnson, que inició la fase final de sus pruebas en México a finales de noviembre. La empresa farmacéutica británica Astra-Zeneca planea montar un centro de distribución logística en México para su vacuna, que todavía no está aprobada, y ha anunciado 77 millones de dosis.

La logística y la política como cuello de botella

Otro escollo es la logística: "Tener la vacuna es una cosa, pero el cuello de botella es el proceso de vacunación en sí", advierte López Cervantes. "Lo sé por las vacunas normales contra la gripe. La preparación está ahí, pero la gente no entiende bien a dónde tiene que ir ni cuándo, hay un peligro de que se generen aglomeraciones, y después de eso muchos pierden la paciencia y nadie venga a vacunarse", agregó.

México no puede permitirse semejante fiasco con la vacuna contra el COVID-19. La vacuna de Pfizer y BioNTech, en particular, requiere la máxima precisión, porque tiene que congelarse a menos 70 grados centígrados y solo se puede conservar durante cinco días después de su descongelación. Además, se deben suministrar dos dosis a cada paciente.

Ahora que la logística está en manos de los militares, la vacunación se realizará en los cuarteles, un "esquema inusual", afirmó López Cervantes. Las fuerzas armadas no tendrían suficiente personal ni ubicación para realizar esta operación en todo el país. Sería útil la cooperación con las autoridades sanitarias, gobernadores y alcaldes. "Gestionar la vacunación de forma centralizada y vertical provocará complicaciones", advirtió López Cervantes.

Sin embargo, las rivalidades políticas se interponen en el camino. AMLO se ha peleado con numerosos gobernadores de la oposición y algunos de su propio partido. De modo que la vacunación resulta ser una moneda de cambio política de cara a las elecciones legislativas y regionales del próximo verano.

Según una encuesta publicada en el diario local "El Financiero", el 31% de los mexicanos quiere vacunarse de inmediato, el 55% quiere esperar un poco y el 10% se niega a vacunarse.

(ct/ju)

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