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El ministro brasileño de Economía, Paulo Guedes, advirtió este jueves que las medidas de aislamiento decididas por varios gobernadores para combatir el coronavirus pueden provocar un "colapso" económico y social, con desabastecimiento de alimentos.

"Aunque el pueblo tenga dinero en la mano, dentro de unos 30 días puede empezar a haber carencias en las estanterías (de las tiendas) y a desorganizarse la producción, entrando en un sistema de colapso económicoe, de desorden social", declaró Guedes.

El ministro se sumó así a la campaña del presidente Jair Bolsonaro, que critica las medidas de aislamiento social, pese a que la pandemia está en pleno proceso ascendente en Brasil, donde hasta este jueves dejó más de 135.000 casos y 9.146 muertos, aunque numerosos expertos consideran que el balance está muy subestimado, debido a la imposibilidad de generalizar los test.

El mandatario ultraderechista y su ministro ultraliberal, acompañados por varios empresarios, realizaron una visita fuera de agenda al presidente del Supremo Tribunal Federal (STF), Dias Toffoli. El máximo tribunal decidió recientemente que los gobernadores y los alcaldes tienen autonomía para decidir cuáles son las medidas más adecuadas para enfrentar la pandemia en sus jurisdicciones.

Durante el encuentro, Bolsonaro declaró su preocupación por el "efecto colateral" de las medidas de aislamiento.

"Sabemos que tenemos el problema del virus, que tenemos que preservar vidas (...), pero tenemos un problema que cada vez nos preocupa más: el tema del desempleo, el tema de que la economía deje de funcionar. El efecto colateral del combate al virus no puede ser más perjudicial que la propia enfermedad", declaró. 

Varios estados, como San Pablo y Río de Janeiro, decretaron medidas de cuarentena parcial, con la autorización de funcionamiento de servicios esenciales, y estudian la posibilidad de reforzarlas ante el poco acatamiento.

En las capitales de esos dos estados, así como en Recife y Fortaleza (nordeste) y en Manaos (capital del estado de Amazonas), las unidades de cuidados intensivos de los hospitales están al borde del colapso.

Pero Bolsonaro, que llegó a calificar a la epidemia de "gripecita", insiste en que el remedio no puede ser peor que la enfermedad.