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Por la corresponsal de RFI en Moscú, Anissa El-Jabri.

Copas de vino y plov, el plato de arroz centroasiático tan popular en Rusia, en una cena cualquiera en Moscú. La conversación trata de todo menos de las elecciones, y con razón. Aquí, el disgusto por la política viene de muy lejos.

La última vez que Olga, de 54 años, votó, fue "en 1996, por Yeltsin". "Entonces era una liberal muy acérrima, creía en la democracia, estaba a favor de la economía de mercado, de las fronteras abiertas y de vivir como en Europa", recuerda Olga. Cuando se le pregunta por qué no ha vuelto a votar, Olga responde "porque durante los cinco años siguientes, el resultado de ese voto para mí fue que me encontré ganando el equivalente a 15 dólares al mes".

Una política que no ha mejorado su imagen

Para la siguiente generación, la política rusa no ha mejorado su imagen, sino todo lo contrario. Con sus 21 años, la opinión de Emile está fijada: "La política en Rusia no es interesante... Es como una especie de pantano, una cosa sucia a la que no quieres acercarte", dice. Y añade: "En cualquier caso, sabemos que, aunque nos organicemos y formemos un equipo para presentarnos, en frente una sola persona con grandes recursos y un montón de folletos siempre conseguirá tener más peso, porque hay muchas personas así".

Emile no nombra a estas personas. Es posible criticar al gobierno, pero sin nombrar a una figura política. Para este informe, nadie quiso dar su apellido.

"En concreto, ¿qué hechos debemos retener de esta campaña electoral para la Duma? El problema es que no hay... no hubo un solo momento que nos marcara a todos... Estoy pensando, pero... No hubo realmente ningún alboroto", comenta Alexis, que agrega: "Todos los que están en el poder intentan hacer las cosas discretamente, para que la gente vote como es debido o no vote".

"Nosotros estamos en nuestro mundo, ellos en el suyo"

Los pocos carteles electorales visibles son los que animan a inscribirse para el voto electrónico. Una papeleta a distancia es un boleto de lotería cuyos premios son un flamante auto francés, un piso...

Pero no es suficiente para animar a Alicia, de 34 años, y a Marina, de 26. Nunca han votado y no es probable que esto cambie: "Francamente, no queremos interesarnos por su ajuste de cuentas, sobre todo porque la situación económica no es estable. Nosotros estamos en nuestro mundo, ellos en el suyo, lo principal es que estemos bien", dice una.

¿Qué necesitarían para salir de su burbuja? Ni un segundo de vacilación en la respuesta: "Que yo, personalmente, pueda estar segura de que mi voz tendrá un impacto", dice la otra.

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