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Virginia Creach dispone de condimentos todo el año desde que aprendió a prepararlos con especias y plantas aromáticas que cultiva de forma orgánica en su finca La Mambisa, en el municipio de Marianao, en la capital cubana.

En las 1,32 hectáreas del terreno también obtiene con prácticas agroecológicas frutas, tubérculos, hortalizas y plantas medicinales, parte de cuya producción entrega a la cooperativa a la cual pertenece, mientras el resto sustenta las necesidades de su familia o dona a personas vulnerables, explicó Creach a IPS.

Si bien labora en su terreno desde hace años, subrayó la importancia de sumarse en marzo de 2020 a la Red de Patios Solidarios, “una experiencia que además de defender la agroecología, ayuda a que mujeres se sumen a la producción agrícola y se empoderen, creando redes de colaboración”.

Nacida en 2018 en el barrio de Los Pocitos, en Marianao, uno de los 15 municipios que conforman La Habana, la Red propone convertir parcelas y terrenos familiares en espacios agroproductivos, generar bienestar y mejores condiciones medioambientales, además de fomentar el consumo local y empoderar a personas en condiciones de vulnerabilidad, sobre todo mujeres.

Cuenta con el acompañamiento de la ONG Centro Félix Varela y el proyecto comunitario Akokán, -también en Los Pocitos- que desde 2016 promueve acciones creativas, solidarias y participativas para el desarrollo integral y transformación de la localidad.

A tal esfuerzo se suma la iniciativa Producciones agroecológicas en municipios de La Habana, auspiciada por la Embajada de Alemania, y la ONG humanitaria internacional Oxfam, con respaldos dirigidos al adiestramiento para la sostenibilidad alimentaria en los hogares.

Se trata de un camino que se enmarca en el tema que se busca potenciar este año, en el Día Internacional de la Mujer Rural, que se celebró el viernes 15: “Las mujeres rurales cultivan alimentos de calidad para todas las personas”.

Ena María Morales, coordinadora de la Red, explicó a IPS que hasta el momento está integrada por 19 mujeres. Espera que la labor de persuasión y socialización de buenas prácticas y experiencias sume a otras, pues se han identificado en la zona 58 parcelas con potencial para labores agrícolas.

“Hay mujeres con deseos e intenciones de sumarse, pero por prejuicios y construcciones sociales no son apoyadas para tomar la iniciativa de cultivar”, lamentó Morales.

Por ello, agregó, “hemos creado un programa con enfoque de género para apoyar directamente a las mujeres agricultoras, mediante formación técnica agroecológica, acciones de empoderamiento femenino y autocuidado, porque las labores en el terreno son muy arduas”.

Múltiples investigaciones destacan que las mujeres tienen un papel central en los procesos de alimentación de sus familias y que en las esferas doméstica y comunitaria, se esfuerzan por preservar prácticas ancestrales, vinculadas a la producción, elaboración y conservación de alimentos.

Insuficiente participación

El Gobierno ha definido la producción de alimentos como un asunto de seguridad nacional, porque este país insular caribeño pese a ser eminentemente agrícola debe importar casi 80 por ciento del consumo de sus 11,2 millones de habitantes.

No obstante, las mujeres aún poseen una insuficiente participación en los planes para incrementar la producción de alimentos.

Presentado en julio ante el Foro Político de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible, el I Informe Nacional Voluntario de Cuba mostró que en 2019 eran mujeres 16 por ciento de las 275.762 personas usufructuarias de tierras y solo 32 por ciento, propietarias de parcelas.

Al cierre de 2020 la población en áreas rurales sumaba 2.559.091 personas, 23 por ciento del total, según el Anuario Estadístico de ese año.

Ese mismo Anuario indicó que ellas representaban poco más de 17 por ciento de las 802.500 personas empleadas en el sector de la agricultura, ganadería y silvicultura.

Morales insistió en que suele verse el trabajo agrícola como “un asunto de hombres”, y en ocasiones “se desvaloriza el trabajo de la mujer agricultora”.

Resaltó que quienes integran la Red “son esencialmente las más interesadas en capacitarse, cultivar para contribuir al sostén de sus familias y más allá de las labores domésticas, aportar a la alimentación y comercializar en la comunidad el excedente de las producciones, con beneficios en lo económico y emocional”.

El Proyecto de plan estratégico para Cuba 2021-2024, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reconoce que “la persistencia de los sistemas agrícolas centrados en el hombre, el patriarcado y los estereotipos de género dificultan el acceso de las mujeres a los recursos, los conocimientos técnicos, la tierra y los puestos decisorios”.

Por su parte, el Programa nacional para el adelanto de las mujeres, vigente desde marzo, alienta la necesidad de estimular el empoderamiento económico femenino, y exhorta a “propiciar la participación de las mujeres campesinas, sobre todo jóvenes, en fuentes de empleo diversas”.

Varias plataformas como la campaña Redes para una Agricultura Resiliente (RedAr), iniciada en 2020, busca contribuir al fortalecimiento de la gestión agropecuaria local con mayor disponibilidad de alimentos, equidad de género, articulación local, así como generar evidencias de agricultura familiar sostenible y adaptadas al cambio climático.

RedAR, con el acompañamiento de Oxfam y entidades nacionales, efectúa desde la perspectiva local un mapa de experiencias y testimonios, con el objetivo de visibilizar la mayor cantidad de campesinas cubanas que practican la agroecología y sirvan de referentes para transmitir conocimientos de manera horizontal e inspiren a otras mujeres.

Estimular la agroecología

Otros estudios enfatizan que en Cuba la agricultura familiar aporta 75 por ciento de los alimentos producidos en el país, por lo general mediante usos más eficientes de la tierra y una mejor conservación de los suelos con respecto a los sistemas agrícolas convencionales.

La crisis económica que data de inicios de los años 90 del pasado siglo condicionó el desarrollo de sistemas agroproductivos en Cuba sobre bases más sostenibles, más por la falta de recursos para adquirir maquinarias y agroquímicos que de manera consciente.

En ese contexto cobró auge el Programa de la agricultura urbana, suburbana y familiar, responsable de un porcentaje significativo de las verduras y hortalizas que se consumen en hogares de la isla provenientes de huertos organopónicos y pequeñas fincas en la periferia de ciudades y poblados.

Ese programa, impulsado por el Ministerio de la Agricultura desde 1987, abarca más de dos millones de hectáreas de tierra, e involucra a casi medio millón de familias, informaron autoridades del sector en 2020 a la prensa local.

“Hoy aplican prácticas agroecológicas unas 146.000 fincas, equivalentes a 64 por ciento de las registradas en el país”, puntualizó a IPS Armando Hernández, responsable de Ciencia, Técnica y Agroecología en la dirección nacional de la no gubernamental Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).

Esa organización, adscrita a la internacional Vía Campesina, coordina a través de sus estructuras de base el Movimiento Agroecológico de Campesino a Campesino (MACaC), nacido en 1997, e integrado por una red de promotores en 153 de los 168 municipios del país.

Hernández especificó que, no obstante, solo 1.202 fincas estaban reconocidas como completamente ecológicas.

“Tenemos un total de 22.667 promotores agroecológicos, de los cuales, poco más de 40 por ciento son mujeres”, agregó.

Iniciativas como la Red de Patios Solidarios “me han aportado conocimientos sobre rotación de cultivos, elaboración de compost y materia orgánica, uso de cercas vivas, calidad de las semillas y manejo de sistemas de posturas en los viveros que nos dan garantías a la hora de la siembra”, significó Morales.

Acotó que también le ha permitido impulsar su emprendimiento Selva, centrado en una línea de productos cosméticos naturales a base de plantas, “y que representa parte del sostén de mi familia”.

A juicio de la joven productora, resulta necesario “impulsar y apoyar todas las experiencias agroecológicas… reconocer a quienes tienen categoría de agricultores agroecológicos (y) fomentar espacios para expandir sus conocimientos”.

Investigaciones exhortan asimismo a visibilizar aún más el rol y las contribuciones de campesinas y mujeres vinculadas a labores agrícolas, la agroecología y la producción de alimentos, que muchas veces combinan con las tareas de cuidado en sus hogares.

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