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La filial estadounidense de la farmacéutica suiza Novartis acordó pagar 678 millones de dólares a la Justicia de Estados Unidos para cerrar un caso en el que estaba acusada de operar "programas de conferencias falsos" en los que "sobornaba" al gremio médico para que prescribieran sus fármacos, según informó ayer la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York.

"Durante más de una década, Novartis gastó cientos de millones de dólares en los llamados programas de conferencias, que incluían comisiones por discursos, comidas exorbitantes y alcohol de primera clase, y que no eran más que sobornos para hacer que los médicos por todo el país prescribieran fármacos de Novartis", dijo en una nota la fiscal en funciones, Audrey Strauss.

La Justicia estadounidense denunció que entre 2002 y 2011, Novartis -desde su sede en Nueva Jersey- convocó "decenas de miles" de foros supuestamente educacionales que "no servían más que para sobornar", ya que después eran "eventos sociales celebrados en restaurantes caros, con poca o ninguna discusión sobre los fármacos" de la compañía.

"Dar esos pagos y otros regalos lujosos interfiere con el deber de los médicos de elegir el mejor tratamiento para sus pacientes e incrementa el coste de los medicamentos para todo el mundo. Esta oficina seguirá vigilando y persiguiendo las mordidas, como quiera que se disfracen, en toda la industria farmacéutica", agregó Strauss.

La Fiscalía neoyorquina alegó que cuando el gremio médico prescribía los fármacos de Novartis para dolencias cardiovasculares o diabéticas, el Gobierno federal pagaba cientos de dólares en reembolsos por esas "recetas engañosas".

Las lujosas conferencias y los eventos deportivos

Como parte del acuerdo para cerrar la demanda civil por fraude, Novartis admitió haber pagado honorarios a médicos "para inducirlos" a prescribir sus productos y haber convocado "programas" de conferencias en algunos de los restaurantes más caros de Estados Unidos, como Peter Luger en Nueva York, Nobu en Dallas o Matsuhisa en Los Ángeles.

Novartis celebró más de 12.000 eventos con gastos de comida por persona superiores a 125 dólares -el límite establecido en sus políticas internas- con ejemplos extremos como el de una conferencia en el restaurante Ruth's Chris Steakhouse de Pikesville (Maryland), a la que solo asistió un médico y el gasto fue de 448 dólares en comida y alcohol, más 1.000 dólares de honorario.

Los eventos -que abarcaban viajes de pesca, acontecimientos de deporte o catas de vino- también se celebraban en la cadena de restaurantes Hooters, conocida en Estados Unidos porque sus camareras son mujeres jóvenes uniformadas con ropa ajustada y reveladora, más que por su comida típica americana.

Además de esas admisiones, la farmacéutica tuvo que comprometerse a reformar sus prácticas de negocio y firmar un acuerdo de integridad con las autoridades por el que reducirá drásticamente sus conferencias y el dinero que invierte en ellas, haciéndolas generalmente en formato virtual.