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La ONU condenó ayer el asesinato de un excombatiente de la disuelta guerrilla FARC, cuyo cuerpo fue hallado el jueves envuelto en un colchón en llamas en un municipio del noroeste de Colombia, el sexto exguerrillero muerto durante el confinamiento por la pandemia del nuevo coronavirus.

"La Misión de Verificación de la ONU en Colombia condena la muerte del integrante del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común - FARC, Wilder Daniel Marín Alarcón, ocurrida el pasado 7 de mayo en el municipio de Bello, Antioquia", indicó el organismo en un comunicado.

En medio de la emergencia sanitaria, "la violencia en los territorios afectados por el conflicto ha continuado. Desde el inicio de la cuarentena nacional se han registrado 6 asesinatos a excombatientes y al menos 32 líderes sociales", agregó el boletín.

Marín estudiaba la carrera de auxiliar contable, respondía económicamente por su madre y se encontraba vinculado a una cooperativa con otros excombatientes, indicó por su parte el partido FARC, surgido del pacto de paz firmado en noviembre de 2016 con la otrora poderosa insurgencia marxista.

El excombatiente salió jueves de su casa a las 14:00 locales (14:00 hora de Bolivia) y allí se perdió su rastro. Su cadáver fue hallado en un colchón envuelto en llamas en otro barrio durante la noche, precisó la organización en un comunicado.

Bello es un municipio conurbado a Medellín, la segunda ciudad de Colombia. Según la ONU, 198 desmovilizados han sido asesinados desde el acuerdo de paz. La fiscalía colombiana asegura que los ataques están relacionados en su mayoría con grupos y organizaciones criminales vinculadas con el narcotráfico y la minería ilegal. El partido FARC ha denunciado reiteradamente la falta de garantías de seguridad para la reincorporación de excombatientes.

Apoyado por Naciones Unidas, el acuerdo condujo al desarme y desmovilización de 13.000 rebeldes entre combatientes, presos y militantes, tras más de medio siglo de conflicto. Aunque la disolución de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia alivió la violencia política, aún persisten grupos armados que desafían al Estado en alejados puntos del país.