La escalada entre Estados Unidos e Irán entró este lunes en una nueva fase con ataques cruzados más allá del estrecho de Ormuz. Washington intensificó sus bombardeos contra objetivos militares iraníes para impedir un bloqueo de la estratégica vía marítima. El deterioro del acuerdo de tregua firmado en junio aumenta la tensión en una región clave para el suministro energético mundial.
La confrontación entre Estados Unidos e Irán se extendió este lunes más allá del estrecho de Ormuz, transformándose en un pulso regional que involucra a varios países del Golfo. Los Guardianes de la Revolución iraníes reivindicaron ataques contra instalaciones estadounidenses en Baréin y contra sistemas de radar en Omán, al tiempo que aseguraron haber alcanzado también objetivos militares en Jordania y Kuwait.
Las acciones se produjeron después de una nueva ronda de bombardeos estadounidenses contra capacidades militares iraníes. Según Washington, los ataques tuvieron como objetivo sistemas de defensa aérea, radares costeros, misiles, drones y embarcaciones rápidas utilizadas por Irán en la zona del estrecho. Estados Unidos sostiene que busca impedir que Teherán imponga restricciones a la navegación en una de las rutas comerciales más sensibles del planeta.
La crisis se agravó tras los incidentes registrados el domingo contra embarcaciones en Ormuz. A partir de entonces, Irán anunció que mantendría cerrado el paso marítimo a la navegación internacional y estableció un corredor controlado bajo su supervisión. Sin embargo, el ejército estadounidense insiste en que el tráfico marítimo continúa y rechaza cualquier pretensión iraní de controlar la totalidad de la vía.
Una tregua cada vez más frágil
La reanudación de las hostilidades pone en entredicho el protocolo firmado el 17 de junio entre Washington y Teherán, que preveía una pausa de 60 días para negociar el fin de la guerra iniciada el 28 de febrero tras los ataques de Israel y Estados Unidos contra Irán.
Ambas partes se acusan mutuamente de haber roto el espíritu del acuerdo. Teherán denunció que los bombardeos estadounidenses anulan los esfuerzos diplomáticos realizados en los últimos meses, mientras que el presidente Donald Trump afirmó que el alto el fuego quedó sin efecto por los ataques iraníes contra embarcaciones en el estrecho.
El riesgo de una ampliación regional del conflicto preocupa especialmente a los países vecinos, varios de los cuales albergan bases militares estadounidenses. Kuwait informó haber respondido a objetivos aéreos hostiles, mientras Catar ya había reportado el domingo la interceptación de misiles. En paralelo, Pakistán y Naciones Unidas renovaron sus llamados a una desescalada y al retorno de las negociaciones.
El impacto económico golpea
La intensificación del conflicto volvió a sacudir los mercados energéticos. Los precios del petróleo subieron más de un 4% en Asia ante el temor de que las restricciones en Ormuz afecten el suministro global de hidrocarburos.
Por este estrecho transitaba antes de la guerra cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo y gas natural licuado. Esa importancia estratégica explica que el control de la ruta se haya convertido en uno de los principales símbolos de la confrontación actual.
Lejos de suavizar su postura, dirigentes iraníes reiteraron que mantendrán su política sobre Ormuz mientras continúen las operaciones militares estadounidenses en la región. La disputa por este corredor marítimo aparece así como el eje de una nueva etapa de la guerra, marcada por una creciente regionalización del conflicto y un margen cada vez menor para la diplomacia.