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Por RFI

Desde la aparición del nuevo coronavirus, los científicos se han esforzado por averiguar cómo pudo transmitirse a los humanos. Esta cuestión está en el centro de una guerra de información entre China y Estados Unidos. Inicialmente tachada de teoría conspirativa, la hipótesis de una fuga en el laboratorio vuelve a surgir.

En realidad, la tesis de una fuga accidental en el laboratorio nunca ha sido completamente descartada. Pero cuando la epidemia empezó a extenderse, la transmisión natural a los humanos por un huésped intermedio, a su vez contaminado por el murciélago, parecía la hipótesis más probable, siguiendo el modelo de lo que había ocurrido con los virus del SARS y del MERS. 

Sin embargo, a diferencia de estos episodios anteriores, en los que se encontró rápidamente el animal a través del cual el virus había contaminado a los humanos, esta vez nada conduce a esas conclusiones. Han pasado quince meses sin que se haya encontrado ninguna pista seria. Ante ese vacío, se vuelve a evocar el "rastro del laboratorio" pero esto no lo convierte necesariamente en una pista que deba ser favorecida.

La instrumentalización de la "tesis del laboratorio"

De hecho, algunos de los defensores de esta tesis han querido, desde el principio, utilizarla con fines políticos, sin ningún hecho probado que la respalde. A finales de enero de 2020, incluso antes de que se iniciara una investigación sobre el tema, fueron los círculos nacionalistas ultraconservadores, Steve Banon y sus compañeros, quienes se apoderaron del asunto, excluyendo desde el principio la hipótesis de la contaminación natural. Breitbart News apuntó al laboratorio más seguro de Wuhan. 

Por su parte, en la revista The National Interest, el neoconservador Paul Wolfowitz, hablando del mismo laboratorio, añadió que este trabajaba en secreto para el ejército chino. Pero ninguno de los defensores de la llamada "tesis del laboratorio" ha aportado nunca ninguna prueba. La propia administración Trump se inclinaba por esta hipótesis, afirmando tener pruebas que nunca reveló.

Insatisfecho con la investigación llevada a cabo por los expertos de la OMS, el presidente Biden acaba de pedir a sus organismos que redoblen sus esfuerzos en la recopilación y el análisis de información que pueda llevar a una conclusión definitiva. 

La Casa Blanca ha dado a su personal tres meses para avanzar en la cuestión (origen natural o accidente de laboratorio). Es una forma de presionar a Pekín, a la que se acusa de opacidad. Aunque en el estado actual, ningún elemento de prueba puede todavía acreditar esta tesis, sigue siendo una vía en estudio, no pudiendo ser excluida como intenta Pekín.

A la defensiva y deseosas de proyectar una imagen positiva en todo el mundo, las autoridades chinas promueven otra historia. El periódico progubernamental Global Times cita un nuevo estudio que sugiere que el pangolín puede haber sido un huésped intermedio de un virus que desde entonces ha mutado y se ha recombinado. 

Pero los autores de este estudio son, de hecho, un grupo de investigadores del Laboratorio de Virología de Wuhan y de la Academia China de Ciencias. Hubiera sido sorprendente que estos investigadores llegasen a conclusiones que cuestionen a su propio centro de investigación.

La opacidad china alimenta las sospechas

Las autoridades chinas siguen considerando la tesis de un virus escapado de un laboratorio solo desde el punto de vista de la teoría de la conspiración, pero no son las únicas que muestran cierto pudor ante tal posibilidad. De hecho, la comunidad investigadora está dividida entre los partidarios de los estudios de “ganancia de función” y sus detractores. 

Los estudios de ganancia de función son estudios de laboratorio que permiten que el virus adquiera propiedades que lo hacen más transmisible a los humanos. Esto se hace para proporcionar los medios para anticiparse a futuras epidemias.

Evidentemente, hubo presiones por parte de un grupo de investigadores que habían colaborado con China en este tipo de investigaciones, para evitar que sus colegas se vieran implicados.

Sin embargo, el hecho de que China descartara la hipótesis del laboratorio desde el principio solo sirvió para reforzar las sospechas en lugar de disiparlas. La necesidad de una investigación independiente y sin trabas sigue siendo fuerte.

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