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“Que el Cuerpo y la Sangre de Cristo sean para cada uno de ustedes una presencia y un soporte en medio de las dificultades, un consuelo sublime en el sufrimiento de cada día y una prenda de resurrección eterna”, lo dijo el papa Francisco al final de su catequesis, en la audiencia general, al saludar a los fieles de lengua italiana, con ocasión de la celebración de la solemnidad de Corpus Christi, que en Italia y otros países se traslada al próximo domingo.

El Santo Padre también invitó a todos los fieles – que participaban en la Audiencia General en el Patio de San Dámaso y a quienes seguían su catequesis a través de los medios de comunicación – a “encontrar en la Eucaristía, misterio de amor y de gloria, esa fuente de gracia y de luz que ilumina los caminos de la vida”.

Asimismo, el pontífice saludando a los fieles de lengua inglesa dijo que, “la inminente celebración de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo nos haga más conscientes de la presencia real de Jesús entre nosotros en la Eucaristía”.

Finalmente, el papa Francisco saludando a los fieles de lengua española recordó que, “este mes de junio, está dedicado al Sagrado Corazón de Jesús”, y en la celebración del Corpus Christi invitó a que, “pidamos al Señor que nos conceda tener un corazón orante, lleno de confianza y audacia filial, así también como la gracia de permanecer siempre unidos a Él y también unidos entre nosotros por la participación en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre”.

Santa reliquia

La Catedral de Orvieto en Italia custodia uno de los milagros eucarísticos más importantes en la historia de la Iglesia y que motivó que el Papa Urbano IV instituyera la Solemnidad del Corpus Christi.

A mediados del siglo XIII, el P. Pedro de Praga dudaba de la presencia de Cristo en la Eucaristía y realizó una peregrinación a Roma para rogar sobre la tumba de San Pedro una gracia de fe.

A su regreso, mientras celebraba la Santa Misa en Bolsena, en la cripta de Santa Cristina, la Sagrada Hostia sangró y manchó el corporal con la preciosísima sangre.

La noticia llegó al Papa Urbano IV, que se encontraba muy cerca en Orvieto, y pidió que le trajeran el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión y se dice que el pontífice, al ver el milagro, se arrodilló frente al corporal y luego se lo mostró a la población.

Más adelante, el santo padre publicó la bula “Transiturus”, con la que ordenó que se celebrara Corpus Christi en toda la Iglesia el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad.

Asimismo, el Papa Urbano IV encomendó a Santo Tomás de Aquino la preparación de un oficio litúrgico para la fiesta y la composición de himnos, que se entonan hasta el día de hoy como el Tantum Ergo.

San Juan Pablo II, durante su visita a la Catedral de Orvieto en 1990, señaló que “Jesús se ha convertido en nuestro alimento espiritual para proclamar la soberana dignidad del hombre, para reivindicar sus derechos y sus justas exigencias, para transmitirle el secreto de la victoria definitiva sobre el mal y la comunión eterna con Dios”.



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