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Barack Obama subrayó el sábado en Selma, Alabama, punto alto de la lucha por los derechos civiles, que la marcha contra el racismo en Estados Unidos "no ha concluido", y evocó en numerosas ocasiones los recientes incidentes en Ferguson, Misuri.

En un discurso pronunciado bajo un sol de penitencia delante del puente Edmund Pettus, en el cual, hace 50 años, unas 600 personas que manifestaban pacíficamente fueron reprimidas con brutalidad por la policía, el primer presidente negro de la historia del país rechazó el "error común" de "sugerir que el racismo ha desaparecido, que el trabajo realizado por los hombres y mujeres de Selma se ha terminado".

"No necesitamos el informe de Ferguson para saber que eso no es cierto", señaló en alusión a un terminante documento del departamento de Justicia que subraya los comportamientos discriminatorios de la policía en esa localidad, escenario de duros enfrentamientos tras la muerte de un joven negro por un agente blanco, en agosto pasado.

"Nos basta abrir los ojos, los oídos y los corazones para saber que la sombra de la historia racial de este país continúa planeando sobre nosotros", señaló Obama en esta pequeña ciudad de Alabama en la que se reunieron decenas de miles de personas 50 años después de un "Bloody Sunday" que traumatizó al país.

El acto se realizó en el mismo lugar donde medio siglo antes el reverendo Martin Luther King lideró una marcha junto a miles de manifestantes negros que intentaban cruzar el puente camino a Montgomery, la capital del Estado, para reivindicar su derecho a votar.