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La masiva protesta convocada en Berlín por grupos antivacunas, teóricos de la conspiración, ultraderechistas y ciudadanos afectados por las restricciones adoptadas para frenar el coronavirus provocó una serie de reacciones entre la prensa y las autoridades de Alemania. El país europeo, que ha logrado contener de forma relativamente exitosa la pandemia, vive en estas últimas semanas un constante incremento en los números de contagios, que pasaron de entre 250 y 300 diarios en junio a más de 800 en los últimos días.

Las cerca de 20.000 personas que llegaron a la capital alemana, algunos desde distintas ciudades del país en buses especialmente rentados para ello, estaban ahí por razones tan diversas como un malestar con la canciller Angela Merkel, odio a las farmacéuticas o para denunciar una supuesta conspiración orquestada por Bill Gates. "Muchos creen que han sido sistemáticamente engañados y que el coronavirus realmente no existe”, dijo el experto en movimientos de ultraderecha Olaf Sundermeyer, entrevistado por la televisora Tagesschau. El especialista cifró en 5.000 las personas que viajaron desde Stuttgart para apoyar la protesta en Berlín, lo que a su juicio habla de una red coordinada.

"En cualquier lugar donde se mezclen la bandera de Alemania, la de Rusia, la del Imperio Alemán y símbolos de paz se vivirá cómodamente en la locura. Y el centro de Berlín no fue la excepción el sábado. El mismo día en que la OMS reportaba 292.000 nuevos casos de coronavirus en todo el mundo en apenas 24 horas, frente a la Puerta de Brandeburgo se reunían personas bajo el lema ‘El fin de la pandemia – Día de la libertad'”, escribe con cierta sorna el periódico TAZ.

Meditación y reggae

En una línea similar se expresa el prestigio semanario Der Spiegel. "Una mezcla explosiva se reunió en Berlín para manifestarse contra la política anticoronavirus del gobierno: ideólogos junto a frustrados. Mientras, los populistas aprovechan la ocasión para sus propios intereses”, escribe la revista. "Al comienzo de la marcha, los manifestantes se pusieron las manos en el pecho para meditar”, agrega. De fondo, un miembro de Pegida, un grupo de ultraderecha que se opone a los inmigrantes, exigía la renuncia de todo el gobierno. El artículo se titula "Reggae y banderas de Pegida”.

Der Tagesspiegel, en tanto, describe la situación de la siguiente forma en el artículo "Sin mascarillas, sin respeto, sin vergüenza”: "Bienvenidos al estado de excepción berlinés. Durante dos horas avanza la muchedumbre por la calle Leipziger y en esas dos horas apenas se ve un policía. Ni para controlar el tráfico ni para poner fin a una protesta en la que, digámoslo, no se respetaron las normas de higiene ni la distancia física. Al contrario: los periodistas que usaban mascarillas eran acosados e insultados: ‘Idiotas', les gritaban”.

Lo sucedido en la capital alemana, donde además se han registrado fiestas ilegales con cientos de participantes, desató el malestar de las autoridades. El alcalde berlinés, el socialdemócrata Michael Müller, criticó a los manifestantes por no entender los hechos y, además, poner en riesgo la salud de otras personas. El ministro federal de Salud, Jens Spahn, dijo que era obvio que todos podían manifestar, "pero no así”, y exigió respetar "la distancia, las normas de higiene y el uso de mascarillas para protegernos entre todos”.

Bastan las leyes

Antes de las manifestaciones, el ministro de Economía, Peter Altmaier (CDU), había advertido que el incremento de contagios respondía a que la gente estaba desatendiendo las normas elementales de autocuidado. Por ello, exigió penas más duras para quienes infrinjan la ley y no usen mascarillas, por ejemplo.

Por su parte, la Fundación Alemana para la Protección del Paciente pidió este domingo (02.08.2020) que se aplique la ley contra quienes ignoran las normas impuestas para frenar la pandemia, y criticó a la policía por hacerse la vista gorda cuando estas situaciones ocurren. "Alemania está profundamente dividida por la crisis del coronavirus”, dijo el presidente de la fundación, Eugen Brysch. "Penas más duras no cambiarán nada”, agregó. A su juicio, bastaría con hacer algo que no se estaría haciendo: usar la legislación vigente. (rrr)