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Por primera vez en su historia, Los Verdes alemanes tuvieron posibilidades realistas de convertirse en la principal fuerza política del Gobierno federal del país.

La primera vez que formaron parte del Gobierno, entre 1998 y 2003 y concretamente junto con los socialdemócratas (SPD), casi se puede decir que se tropezaron con una coalición que pocos se esperaban, pues solo habían logrado el 6,7% de los votos en las elecciones de 1998.

Ahora, 23 años después, el panorama es bien distinto. El partido se ha estabilizado, convirtiéndose en el tercer partido más votado en las elecciones.

En los últimos años, Los Verdes han acabado con todos los tabúes políticos, a excepción del cordón sanitario que mantienen todos los partidos en el Bundestag con el ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). En diferentes estados federados han formado coaliciones gubernamentales incluso con la CDU de Merkel. Los ecologistas han dejado de limitarse a coaliciones de centro e izquierda.

La novedad es que Los Verdes están más unidos que nunca en torno a sus líderes y evitan centrarse en los ataques envenenados a sus oponentes políticos. Hablan de defender la Constitución alemana, lo cual suena muy estatalista viniendo de este partido. Se están esforzando por que nada vaya mal en su camino al poder.

Protección climática, política exterior

En lo que a sus políticas se refiere, Los Verdes se han mantenido en general fieles a sus principios fundaciones de hace 40 años. La protección del medio ambiente, y especialmente la lucha contra el cambio climático, sigue formando parte del núcleo de su programa. El partido quiere reducir los gases de efecto invernadero en un 70% para 2030. Actualmente el Gobierno aspira a una reducción del 55%.

Para lograrlo, pretenden acelerar la "transición energética” en Alemania a las renovables y los coches eléctricos.

En cuanto a la política exterior, apuestan por una Unión Europea más fuerte y por resucitar el vínculo transatlántico. No obstante, son mucho más críticos con Rusia y China. Por ejemplo, se oponen al controvertido gasoducto Nord Stream 2 a través del mar Báltico, proyecto que defiende el Ejecutivo de Merkel. Además, han mostrado su apoyo públicamente a grupos de la oposición en China, Rusia y Bielorrusia. Y muy probablemente sean firmes con China por su tratamiento a los uigures.

En términos de política económica y social, Los Verdes tienden a favorecer un Estado fuerte y mayor gasto público. Su programa electoral, que no se terminará de escribir hasta junio, está lleno de programas muy caros destinados a cuestiones como la digitalización o las inversiones sostenibles. Pero queda por ver cuánto dinero quedará en las arcas del Estado cuando pase la pandemia.

Tampoco está claro como será el día a día de una coalición con la CDU/CSU, por ejemplo. Los cristianodemócratas han subrayado que quieren volver tan pronto como sea posible a la política del "cero negro”, es decir, de no adquirir más deudas. Los Verdes defienden subir los impuestos a las rentas más altas, algo que no será fácil de implementar en un Gobierno junto con los conservadores.

En términos de política social, Los Verdes se han centrado en la lucha contra la xenofobia, el racismo y el machismo. Y quieren hacer algo frente a la polarización social. Algo que será difícil, pues muchos políticos ecologistas, como la vicepresidenta del Bundestag, Claudia Roth, se han convertido en un blanco común del odio de la extrema derecha alemana.

Si Los Verdes llegan al poder, como socio de coalición, al menos un ciclo importante se cerrará para ellos en 2022. Estarán en el poder en el momento en que se cierre definitivamente la última central nuclear de Alemania. Habrán ganado una batalla que se encuentra entre los objetivos fundacionales del partido. Pero también es posible que Los Verdes de ahora, mucho más pragmáticos, simplemente tomen nota y pasen al siguiente asunto.

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