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Con sus trenzas, sus zapatillas desgastadas y su suéter, Greta Thunberg, una joven de 16 años se ha convertido en un símbolo para los activistas que defienden el medio ambiente. parece más joven de lo que realmente, pero eso no disuade a sus detractores de criticar abiertamente a la joven por haber alzado la voz. Su última travesía la llevó hasta Nueva York para participar de la Cumbre de Acción Climática organizada por Naciones Unidas.

La travesía de esta activista inició hace Parlamento francés en julio, en respuesta a quienes ponían en duda su legitimidad para encarnar el combate contra el cambio climático, que la tacharon de "profetisa en pantalones cortos" y "Justin Bieber de la ecología".

Una familia concienciada

A Greta Thunberg le llegó el interés por el cambio climático en la escuela, cuando tenía "ocho o nueve años".

"Mis profesores me dijeron que debía ahorrar papel y apagar las luces. Les pregunté por qué y me dijeron que porque había algo llamado cambio climático y calentamiento global, provocado por los humanos", contó Thunberg a la AFP.

Se trataba de un concepto desconocido para Thunberg, quien creyó que, si eso era cierto, la gente "no debería estar hablando de otra cosa".

Entonces dejó de comer carne, beber leche y comprar cosas nuevas, a no ser que fuera "absolutamente necesario".

Toda la familia de la joven, que vive en un espacioso y acogedor apartamento en el centro de Estocolmo, se adaptó a su nuevo estilo de vida.

Su madre, Malena Ernman, una cantante de ópera que solía viajar por todo el mundo, dejó de tomar aviones y ya solo actúa en los países nórdicos.

Ernman, el padre de Greta, Svante Thunberg --un actor reconvertido en productor--, y su hermana pequeña, Beata, fueron conscientes de lo mucho que le atormentaba la cuestión climática cuando, con 11 años, cayó en depresión.

La adolescente dejó de comer, empezó a faltar a clase e incluso dejó de hablar.

Llegó en un velero a Nuevo York

Entre vítores de apoyo y aplausos, la activista medioambiental desembarcó ayer (miércoles) en un muelle de Nueva York con su mensaje en defensa del medioambiente, con el que partió del Reino Unido en un barco de vela hace dos semanas.

"Necesitamos ayudarnos unos a otros para actuar, porque de otra manera puede ser muy tarde; no esperemos más, hagámoslo ahora", dijo Greta ante las decenas de personas que se acercaron a recibirla al pequeño muelle deportivo North Cove Marina de Manhattan, y que rompieron en una gran ovación tras escuchar estas palabras de boca de la adolescente.

Greta partió el 14 de agosto del puerto británico de Playmouth a bordo del velero Malizia II, que no emplea combustibles fósiles, rumbo a Nueva York, donde el 23 de septiembre participará en la Cumbre de Acción Climática organizada por Naciones Unidas.

Durante una rueda de prensa organizada en un parque situado junto al muelle, apenas 5 minutos después del desembarco, la joven activista confesó sentirse abrumada y aseguró que todavía sentía como si el suelo temblara bajo sus pies.

"Si lo que estoy haciendo puede marcar la diferencia y puede llamar la atención sobre la crisis climática, entonces voy a usar esta oportunidad para tratar de cambiar las cosas", comentó la joven, que tras la larga travesía atlántica espera poder descansar un tiempo.

Diferentes organizaciones de defensa del medioambiente se dieron cita para recibir a la 'marinera', y mientras la esperaban entre una suave lluvia contemplaron entre vítores cómo las amplias velas negras del Malizia II se acercaban a puerto como si bailaran con la silueta de la estatua de la Libertad.

"Estamos aquí porque (la crisis climática) es una cuestión de justicia intergeneracional y los adultos no están haciendo nada", dijo a Efe la activista Vanessa Rule, cofundadora de la ONG "Mothers Outfront".

"Mereció la pena"

A los 12 años, se le diagnosticó síndrome Asperger, un trastorno del espectro autista. "Mi cerebro funciona un poco diferente, así que veo el mundo desde otra perspectiva", explicó Thunberg

"Soy muy directa, digo las cosas como son y cuando decido hacer algo, lo hago sin dudar", añadió, considerando que su diagnóstico es una fortaleza.

La activista, que terminó la educación secundaria obligatoria en junio, tuvo que seguir sus estudios desde el extranjero debido a sus numerosos viajes. Pero eso no le impidió obtener las mejores notas en todas las asignaturas, salvo educación física y economía del hogar.

"Si no hubiera hecho huelga y viajado tanto, habría tenido la mejor nota en todas las asignaturas", declaró al periódico Dagens Nyheter en junio. "Pero mereció la pena", aseguró.

A finales de mayo, anunció que se tomaría un año sabático para viajar a América para una serie de encuentros sobre cambio climático a lo largo de varios meses.  

"Tenemos que aprovechar para actuar ahora porque dentro de un año podría ser demasiado tarde", alertó en diciembre.