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Unas 800 personas fueron detenidas en un vasto operativo mundial gracias a la infiltración hace tres años de una red encriptada. La redada tuvo lugar en Australia, Nueva Zelanda, Europa, Estados Unidos, entre otros países. Más de 700 lugares fueron requisados y se confiscaron 8 toneladas de cocaína.

En Australia, epicentro de la investigación, más de dos centenares de personas fueron inculpadas, se decomisaron unos 35 millones de dólares en efectivo así como un centenar de armas, también fueron cerrados seis laboratorios de fabricación de droga.

La astucia del FBI y la policía australiana fue hacer creer a miles de delincuentes que los teléfonos que compraban en el mercado negro por 2000 dólares, siguiendo la recomendación de otros delincuentes, eran confiables.

En realidad, éstos ya estaban encriptados con la aplicación ANOM, desarrollada por el FBI.

Casi doce mil de estos teléfonos fueron distribuidos a delincuentes en todo el mundo. Ni correos electrónicos, ni llamadas, ni GPS: los teléfonos solo podían enviar mensajes a otros aparatos ANOM.

El FBI desarrolló esta aplicación luego de haber neutralizado otros dos sistemas de comunicación encriptada: Phantom Secure y Sky Global.

El mercado negro de las comunicaciones encriptadas estaba necesitando un nuevo sistema para llenar el vacío: ahí fue cuando el FBI introdujo el suyo, lanzando además falsos rumores sobre la seguridad de otro de los sistemas.

"La policía australiana logró meterse en el bolsillo de centenares de presuntos criminales gracias a influenciadores del propio medio criminal", explicó el jefe de la policía australiana.

Sin embargo, fue también un influenciador el que desenmascaró el montaje de las autoridades.

En marzo pasado, en efecto, un bloguero detalló las fallas de seguridad de ANOM y lo presentó como un dispositivo utilizado por los servicios de inteligencia de varios países. 

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