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El rover Perseverance, que aterrizó en febrero en Marte, entregó ayer sus primeros resultados científicos que confirman el interés de buscar señales de vida en su lugar de aterrizaje, un cráter donde hubo un lago hace 3.000 millones de años.

Incorporado en el mástil del robot de la NASA, la Supercam permitió observar en el suelo del planeta rojo el entorno del cráter Jezero y transmitir por satélite una base de imágenes.

Estas primeras fotografías en alta resolución confirmaron lo observado desde la órbita.

Es decir, en el cráter, de unos 35 km de diámetro, hubo un lago cerrado, alimentado por la desembocadura de un río, hace unos 3.600 o 3.000 millones de años.

El estudio publicado en la revista Science, el primero desde el aterrizaje de Perseverance, aporta numerosos detalles sobre la historia de este lago, con una superficie comparable a la del Lago Lemán de Ginebra (Suiza).

“Materia orgánica”

La materia orgánica producida por organismos vivos se constituye de una mezcla de moléculas complejas de carbono, hidrógeno, nitrógeno y de unas pocas de oxígeno, explicó Sylvestre Maurice, del Instituto de investigación en astrofísica y planetología de la Universidad Paul Sabatier de Toulouse.

“Este tipo de materia la encontramos en la profundidad del suelo terrestre y los depósitos de sedimentos del delta, lo que confirma el interés por el cráter Jezero por parte de la exobiología”, la ciencia que estudia la vida en el universo.

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