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Rusia ignoró este viernes la presión de los países occidentales por el caso de Alexéi Navalni y mostró todo su escepticismo sobre el envenenamiento con una sustancia neurotóxica al líder opositor, como afirma Alemania.

La OTAN urgió a Moscú el viernes, al día siguiente de las amenazas de sanciones de la Unión Europea, que revele la totalidad de su programa Novichok, el tipo de sustancia química creada por los soviéticos en los años 1970.

Para el Kremlin, estos llamados occidentales no cambian nada. 

"Desde los primeros días, fueron examinadas pistas diferentes, entre ellas el envenenamiento", por los especialistas rusos, dijo el viernes el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov. 

"Según nuestros médicos, esta pista no ha sido confirmada, se están estudiando otras pistas médicas", agregó.

El ministro del Interior, Vladimir Kolokoltsev, consideró que "no hay ninguna razón" para pensar que se cometió un crimen.

En días anteriores, los responsables rusos dijeron que Moscú no tenía que reprocharse nada y que cualquier sanción sería inadmisible y que supondría una "politización" del caso.

Sin embargo, el gobierno alemán había anunciado que tenía "pruebas inequívocas" de que el opositor ruso, hospitalizado en Berlín, había sido envenenado con un agente del tipo de Novichok. La canciller Angela Merkel exigió explicaciones a Rusia.

Navalni, un abogado de 44 años conocido por sus investigaciones sobre la corrupción en la élite política rusa, se sintió mal el 20 de agosto durante un vuelo y fue ingresado urgentemente en un hospital de Omsk, en Siberia. Dos días más tarde, fue trasladado a Berlín, a instancias de su familia. 

El Novichok ya había sido utilizado contra el exagente doble ruso Sergéi Skripal y su hija en Inglaterra hace dos años. Según las autoridades británicas, el GRU, el servicio de inteligencia militar ruso, era el principal sospechoso.

Este caso ya desencadenó sanciones contra Rusia, que negó toda implicación. 

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, instó el viernes a Moscú a "cooperar plenamente con la OPAQ (Organización para la Prevención de las Armas Químicas) en una investigación internacional imparcial", sobre todo teniendo en cuenta que esta organización había prohibido el Novichok. 

Peskov, en sus declaraciones anteriores al pedido de la OTAN, indicó que era más bien Alemania la que tenía que mostrarse dispuesta a cooperar. 

"El hospital de Omsk proporcionaba informaciones más detalladas y más a menudo que Berlín sobre el estado del enfermo", dijo. Los médicos rusos son "más transparentes" que los alemanes, aseguró.

Digestión, alcohol, cansancio 

El portavoz del Kremlin, que nunca menciona el nombre de Alexéi Navalni, también comentó que los servicios secretos rusos estaban "analizando" las afirmaciones del presidente bielorruso Alexander Lukashenko, según las cuales su país interceptó una conversación entre Berlín y Varsovia que prueba que el envenenamiento fue una "falsificación". 

El jefe toxicólogo de la región de Omsk, Alexander Sabayev, estimó por su parte que Navalni, que sigue en coma artificial y conectado a un respirador, pudo ser víctima de un problema de digestión, de alcohol o de cansancio, pero no de un veneno.

Según él, el deterioro repentino de la salud de Navalni pudo ser causado por su "régimen alimentario", "quizás por el abuso de alcohol" o incluso por "el estrés o la fatiga" o "un largo periodo de exposición al sol o al contrario un resfrío".

Ivan Jdanov, el director del Fondo de Lucha contra la Corrupción (FBK) en Moscú -oenegé fundada por Navalni-, aseguró el jueves que el Kremlin iba a multiplicar los esfuerzos para desacreditar la hipótesis del intento de asesinato.

"El Estado ruso imaginará las versiones más absurdas, más insensatas, para explicar lo que ocurrió. Es su forma de trabajar", sostuvo Jdanov en una entrevista con la AFP.

Jdanov denunció que este caso abría un "nuevo capítulo" en la historia de la violencia del Kremlin contra sus adversarios.