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Con algunos escépticos en las calles, Sao Paulo vive este martes el primer día de una cuarentena menos rigurosa que la de otros países, con la que se propone contener la pandemia de nuevo coronavirus en el estado  más poblado de Brasil.

Muchas personas, algunas con mascarillas, salieron a caminar o andar en bicicleta por la Avenida Paulista, eje de la ciudad (capital del estado homónimo), en una día de cielo descubierto y 22 grados.

"Me parece que hay mucha gente exagerando, es una medida que perjudica a todo el mundo. Los restaurantes deberían seguir abiertos, bastaría con apartar las mesas y poner alcohol para las manos", dice Ana Dias, de 71 años, que salió para hacer una caminata.

El gobernador del estado, Joao Doria, decretó una cuarentena de 15 días hasta el 7 de abril, con "el cierre de todos los servicios no esenciales", para contener la pandemia que en esta región se cobró 30 de  los 34 muertos y un 40% de los 1.891 casos diagnosticados hasta el lunes en todo Brasil.

Aunque no hay prohibición de circulación como en Argentina o España, Doria instó a todas las personas a permanecer en casa, exceptuando aquellos que necesiten salir a trabajar o a una actividad esencial. 

"No estamos de vacaciones, estamos en una guerra (...). No es hora de  salir a menos que sea algo absolutamente esencial, entienda que estamos  en una guerra", dijo el gobernador el lunes.

Las tiendas acataron la medida y en algunos barrios comerciales fueron instaladas barricadas para impedir el paso de vehículos. Pero en los barrios residenciales como el de la Avenida Paulista, parte de la ciudadanía, especialmente personas mayores de 60 años, está renuente.

"Eso sólo afecta a las personas que están debilitadas o tienen poco
amor por la vida", dice Luiz Andrade, de 71 años, que salió "para
disfrutar de la vida".

Quien debe salir por obligación laboral, difiere. "Tenían que haber cerrado todo", opina Larissa Miranda, de 18 años, mientras limpiaba incesantemente la registradora del quiosco de periódicos donde trabaja. "Estoy muy preocupada ¿de qué me sirve la cuarentena si para venir tengo que entrar al metro con otras personas?", cuestiona.

En Jardins, barrio noble de la capital que concentra varias de las
más reconocidas clínicas del país, hay amplio tránsito de personal
médico, pero las urgencias no estaban abarrotadas.

La cuarentena decretada por Doria excluye la industria de este estado  de 45,9 millones de habitantes, que asegura casi un tercio del PIB de
Brasil. Doria alegó que la industria no tiene contacto directo con el público. Y el lunes explicó: "Si paran las fábricas, tendremos un  colapso, y no solo en Sao Paulo". Sao Bernardo do Campo, cinturón industrial de la capital, funcionaba a  media máquina. "Sólo pararon las tiendas y los centros comerciales, pero aún hay mucha gente en la calle", dice Fabiola Lúcio, de 29 años, residente del centro de la ciudad.

Los desafíos en Sao Paulo, una metrópolis de 12,2 millones de habitantes con siderales diferencias sociales, son enormes.
Miriam, una sin techo de 25 años que vive en una carpa en la Avenida

Paulista junto a su marido y su perro, se tranquiliza constatando que no
 tiene gripe. "Claro que estoy preocupada. Llenamos un cubo de agua para lavarnos las manos", explica la joven, que descarta acogerse a un refugio "porque están llenos de coronavirus".

En Paraisópolis, la segunda mayor favela de la ciudad, los habitantes
 se organizan en comités para hacer frente a la crisis. "Tenemos miedo,
la situación es bien grave"
, dice Gilson Rodrigues, presidente de la
Unión de Vecinos de Paraisópolis. Rodrigues resalta que los retos habitacionales y socioeconómicos dificultan el cumplimiento de una cuarentena en esta zona con más de 100.000 habitantes.


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