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Bloqueos del aeropuerto de Barcelona y de estaciones, cortes de carreteras y trifulcas con la policía. El independentismo catalán se encendió con la condena a sus líderes: “Vamos a hacernos escuchar, que sepan que esto no ha terminado”.

El alto tribunal descartó la rebelión, pero impuso penas de cárcel para el exvicepresidente de la Generalitat, Raúl Romeva, Josep Rull, Joaquin Forn, Carme Forcadell, Jordi Turull, Dolors Bassa, Jordi Sànchez y Jordi Cuixart e inhabilita por desobediencia a los tres acusados en libertad.

Miles de simpatizantes independentistas catalanes colapsaron el aeropuerto de Barcelona en protestas por la sentencia del Tribunal Supremo español que dictó penas de entre 9 y 13 años para nueve dirigentes secesionistas.

La protesta fue convocada por la plataforma separatista ‘Tsunami Democrático’, e incluyó el cierre de carreteras y vías férreas de acceso al aeropuerto, lo que obligó a muchos pasajeros a llegar a pie con su equipaje hasta el terminal.

Además, cientos de manifestantes se congregaron en la céntrica plaza de Sant Jaume (que aglutina la sede del gobierno regional y el Ayuntamiento) y en los centros neurálgicos de ciudades catalanas.

“Hasta ahora estábamos parados, a la expectativa de qué pasaba con la sentencia. Y el Estado español, como siempre, nos ha decepcionado”, dice Jordi, un comerciante de 44 años que prefiere mantener el anonimato.

Enfrente suyo está el fuerte dispositivo policial que protege los accesos del aeropuerto de Barcelona, primer objetivo de las protestas independentistas tras conocerse las penas de entre 9 y 13 años de cárcel para los líderes que impulsaron el intento de secesión de octubre de 2017.

La lluvia fina va calando entre los cientos de manifestantes que protagonizaron duros enfrentamientos con la policía. Por un lado, unos cargaban y disparaban proyectiles de espuma a la muchedumbre, que les respondía con insultos, piedras, cubos de basura, latas y otros objetos.

“Siempre hemos buscado vías pacíficas, pero nadie nos hace caso. Nos vemos obligados a tirar de la desobediencia”, reconocía Carles Navarro, un consultor de 49 años.

Aunque esperada por gran parte del independentismo, la condena contra sus líderes generó indignación en muchos de sus militantes que, apenas unos minutos después de su publicación, ya empezaban a inundar las calles de Barcelona en protestas espontáneas.

La tensión se respiraba desde el amanecer en esta ciudad. Un helicóptero sobrevolaba el cielo nublado y numerosas furgonetas policiales protegían posibles objetivos de las protestas como la principal estación de trenes, las dependencias judiciales o el aeropuerto.

“Hoy será un día histórico, se nota en el ambiente. Están pasando cosas muy bestias, no nos podemos quedar en casa”, aseguraba Oscar Quiles, empresario inmobiliario de 47 años.

“La gente está muy caliente”, advertía desde la céntrica plaza Cataluña de la metrópolis catalana.

Sobre las 13:00 (11:00 GMT), allí se reunieron unas 25.000 personas, según la policía municipal, convocadas digitalmente por la misteriosa plataforma Tsunami Democrático, un grupo creado para gestionar la protesta por la condena contra los líderes.