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A Donald Trump le encanta recordar que todos le dijeron que no ganaría en 2016, pero tiene la dura tarea de demostrar que los escépticos volverán a equivocarse el 3 de noviembre.

- Impopular -

Los encuestadores se muestran más cautelosos que hace cuatro años, sobre todo porque esta vez hay variables difíciles de manejar.

En efecto, varios factores embarran la carrera electoral: una pandemia que deja más de 170.000 muertos en Estados Unidos y la economía al borde del precipicio; las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial; y una campaña atípica en la que el postulante demócrata Joe Biden rara vez abandona su residencia en Delaware por el coronavirus.

Sin embargo, existe un amplio consenso entre los observadores respecto a que Trump no tiene posibilidades de ganar la elección como en 2016.

Baluartes demócratas como California y Nueva York le son esquivos a un Trump históricamente impopular, con índices de aprobación atascados en torno al 40%.

Pero los presidentes en Estados Unidos son elegidos en forma indirecta, por un colegio electoral.

En 2016, Hillary Clinton obtuvo casi tres millones de votos más que Trump, pero perdió estrepitosamente en el colegio electoral, al adjudicarse 227 delegados contra 304.

- Predicciones -

Trump a menudo afirma contar con encuestas propias que le adjudican un segundo mandato.

"En este mismo momento encabezamos muchas encuestas que se niegan a publicar", reiteró el jueves.

Pero el último promedio de encuestas a nivel nacional de fivethirtyeight.com adjudicó a Trump 43% contra 51% para Biden.

El modelo de The Economist, que se actualiza a diario, otorga a Biden un 88% de posibilidades de ganar la presidencia contra apenas 12% para Trump. Y su simulador del colegio electoral pronostica 343 delegados para el aspirante demócrata contra 195 para el mandatario, cuando se necesitan 270 para alzarse con la Casa Blanca.

Los republicanos hablan con optimismo sobre una fuerte recuperación económica en los próximos dos meses y quizás el lanzamiento temprano de una vacuna contra el coronavirus.

Otros mencionan la posibilidad de que Biden cave su propia fosa debido a sus conocidas torpezas y metidas de pata, en la medida en que su aislamiento por la pandemia lo ha guardado hasta el momento de enfrentarse a preguntas difíciles por parte de la prensa.

Y un factor aún menos predecible sería una eventual interferencia externa, similar a la operada por Rusia contra la campaña de Hillary Clinton en 2016.

Allan Lichtman, profesor de historia de la American University, cuyo método de predicción "13 claves para la Casa Blanca" ha funcionado con precisión en todas las elecciones desde 1984, incluidas las de 2016, dice que nada puede salvar a Trump.

"Algo imprevisto siempre es posible, pero nunca antes ha cambiado una predicción", dijo Lichtman, cuyas "claves" se basan en consideraciones estructurales, no en encuestas.

"Incluso es poco probable que una mejoría económica cambie una clave. Tenemos una recesión en un año electoral y el crecimiento ha sido tan negativo que es muy improbable que la tendencia se revierta en un trimestre", dijo.

- Mapa -

Los generales de la campaña de Trump miran el mapa y aún ven rutas donde una victoria inesperada aquí o allá mantendría a su hombre en la cima.

Los estados donde Trump tiene una victoria asegurada no son suficientes para reunir los 270 votos en el colegio electoral que necesita para conservar la presidencia.

Entonces, como casi siempre ocurre, la elección se decidirá en un puñado de grandes estados pendulares y quizás en algunos más pequeños.

"Todos necesitamos ganar Wisconsin o Michigan o Pensilvania", dijo a los periodistas el director de campaña de Trump, Bill Stepien.

"Si ganamos cualquiera de estos tres estados y los estados que ganó el presidente en 2016, Joe Biden se queda en su sótano", agregó.

El profesor de ciencias políticas David Barker afirma que Trump necesita ganar prácticamente en todos los estados pendulares que aseguraron su victoria en 2016: Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Florida, Carolina del Norte y Ohio.

"Podría darse el lujo de perder uno de esos estados, pero no dos", agregó.

Según las encuestas, Biden lidera en todos ellos e incluso amenaza con arrebatarle Texas, donde Trump ganó cómodo en 2016.

Barker describió al camino de Trump a través una campaña electoral cada vez más minada con una sola palabra: "estrecho".