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EL DEBER/APF/elperiodico

Muchos músicos notables se convirtieron en celebridades gracias a sus trabajos para el cine. Sería el caso de Nino Rota, quien, pese a componer música clásica, sinfónica y ópera, es reconocido por las músicas para filmes de Fellini, Visconti y El padrino, de Coppola.

Exactamente lo mismo podríamos decir de Mikis Theodorakis, el compositor griego, que falleció ayer, a los 96 años, en Atenas.

Su obra clásica es elocuente, así como su compromiso político durante la dictadura de la Junta de los Coroneles, que se extendió en Grecia entre 1967 y 1974. Pero Theodorakis es y será el autor de la música de Zorba, el griego (1964), película en la que un intelectual inglés (Alan Bates) viaja a Creta para hacerse cargo de una herencia y se hace amigo del primitivo pero vital Zorba, encarnado por Anthony Quinn.

En la película de Michael Cacoyannis destaca el ‘sirtaki’, la danza griega que baila Quinn con un estilo peculiar debido a que el actor arrastraba entonces problemas en una rodilla. Zorba, el griego logró tres Óscar, aunque no el de mejor banda sonora, pero Theodorakis se convirtió en un auténtico referente de las músicas del mundo aplicadas al cine gracias a esta pieza, ejecutada con bouzouki y guitarra española. La música del filme está hoy muy por encima del mismo filme.

Tradición

Cuentan que Theodorakis ya había formado un coro a los 17 años, y sin tener aún una formación musical. De ideología entonces ambigua -décadas después también tuvo problemas por declaraciones antisemitas-, acabaría participando en la resistencia antifascista durante la Segunda Guerra Mundial. A principios de los años 50 se instaló en París y estudió composición y análisis musical con Olivier Messiaen. De regreso a Grecia en 1960, empezó a mezclar las enseñanzas de música clásica y académica con el folclore popular griego.

De ahí surgiría lo más notorio de su estilo, con poemas sinfónicos y canciones tradicionales inspiradas también en poemas de autores relevantes del país. Esta bonanza creativa coincidió con su entrada en la política, en calidad de diputado de una coalición de socialistas y comunistas. Tras el golpe militar, Theodorakis pasaría a la clandestinidad, sería detenido, encarcelado y desterrado en una isla con su familia.

Uno de los artistas europeos que se solidarizó con la causa de Theodorakis fue el actor francés Yves Montand. El compositor, ante la presión, sería puesto en libertad en 1970, pero obligado a exiliarse en Francia. Antes de componer la banda sonora de Zorba, el griego ya había escrito la música de adaptaciones de tragedias clásicas como Fedra, realizada por Jules Dassin, y Electra, del mismo Cacoyannis, con quien volvería a trabajar en Las troyanas. Pero sería durante el inicio de su exilio cuando se reafirmaría su trayectoria cinematográfica. Precisamente con Montand trabajó en 1969 en Z, de Costa-Gravras. Se entendió muy bien, artística y políticamente, con el director y el actor, repitiendo los tres en Estado de sitio.

Dio el salto al cine estadounidense elaborando la banda sonora del thriller de Sidney Lumet Serpico, pero nunca se dejó tentar por el oropel hollywoodiense y siguió relacionado con el cine político de su época, como Actas de Marusia, del chileno Miguel Littin; componiendo para largometrajes, telefilmes y documentales griegos y actuando en directo a favor de causas sociales: célebre es Canto general (1980), el disco que recoge un concierto en el que puso música al enorme poemario de Pablo Neruda.

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