Escucha esta nota aquí

Desde la perspectiva del desarrollo infantil, las fases narcisistas de un niño no solo son normales, sino incluso importantes y saludables para el desarrollo de una psique estable. Según un artículo sobre el narcisismo en la infancia y la adolescencia de los psiquiatras Michael Lipp y Anne Karow, las fases narcisistas permiten "desarrollar perspectivas de futuro, creer en sí mismos, (tener) autoestima y (lograr) autosuficiencia, es decir, desarrollar e implementar los propios planes".

Por eso, los profesionales son prudentes al diagnosticar el narcisismo infantil. Es cierto que los trastornos de personalidad comienzan en la primera etapa de la infancia y se manifiestan durante la adolescencia, pero el diagnóstico se realiza a menudo en la edad adulta.

¿Cómo se manifiesta el narcisismo en los niños?

Es importante reconocer las tendencias narcisistas excesivas en el propio hijo: "Ser narcisista no hace feliz", dice Eddie Brummelman, psicólogo de la Universidad de Amsterdam, quien investiga la autopercepción de los niños.

"Los narcisistas se preguntan constantemente: '¿Qué piensa la gente de mí?' Su autoestima oscila mucho, porque dependen de la admiración externa y con frencuencia tienen que mostrarse como alguien especial", afirma. Es importante que los padres reconozcan que esta situación estresa mucho al niño.

El narcicismo además está también relacionado con el comportamiento agresivo, como se muestra en un metanálisis realizado por Sophie Kjaervik y Brad Bushman, de la Universidad Estatal de Ohio. Al igual que otros aspectos de la personalidad, los rasgos narcisistas son al menos parcialmente hereditarios, según Brummelman, pero también el resultado de ciertos métodos educativos. Brummelman realizó un estudio con 565 niños y sus padres en 2015. El psicólogo de desarrollo y su equipo estudiaron dos tesis centrales sobre el origen del narcisismo.

Más talentoso, más inteligente, más narcisista

Una de las teorías apunta a que los padres sobrevaloran a sus hijos sin límites y, por lo tanto, inducen en ellos las conductas narcisistas. Un niño constantemente sobrevalorado o presionado recibe tres mensajes de sus padres: soy mejor que los demás. Es importante que destaque y sobresalga ante los demás. No soy valorado por lo que realmente soy, sino solo por mis logros.

La otra teoría es que los niños reaccionan con comportamiento narcisista cuando sus padres los menosprecian y tratan con frialdad.

Los resultados del estudio de Brummelman respaldan la primera teoría: los niños demasiado elogiados por sus padres tienen más probabilidades de desarrollar rasgos narcisistas.

"Estos padres perciben a su hijo como el más talentoso, más inteligente y más capaz que otros niños", dice Brummelman. Los estándares que el niño debe cumplir son también altos. El experto cree que el problema aquí radica en que "el amor por el propio hijo está ligado a condiciones. Si el niño no logra cumplir con las expectativas de los padres, debe temer que los padres se sientan decepcionados o incluso avergonzados de él".

Es importante recalcar que "el cariño y el afecto incondicionales de los padres son importantes para una autoestima estable", dice Brummelman. Tampoco hay nada de malo en elogiarlos, siempre y cuando los comentarios sean razonablemente realistas, opina.

Poner límites y soportar discusiones

En lugar de comparar constantemente el rendimientos de los hijos con el de los demás, los padres deberían centrarse en el desarrollo de su hijo. Por ejemplo, diciéndole: ¡Mira lo que no pudiste lograr el año pasado y lo que puede hacer hoy!

Renate Schepker, miembro de la junta de la Sociedad Alemana de Psiquiatría, Psicosomática y Psicoterapia Infantil y Adolescente (DGKJP), está de acuerdo: "Los padres pueden estar orgullosos y también expresar el orgullo cuando su hijo haya hecho o aprendido algo nuevo".

Además cree que hay que tener en cuenta la cultura del debate en casa: "Los niños tienen que soportar que los padres también tengan un mal día o les digan 'Hoy me parece insoportable tu comportamiento'". Por el contrario, los niños deberían poder decir lo mismo a sus padres: "Así es como los niños aprenden que está bien cometer errores y que son aceptados incluso con esos errores”, dice la terapeuta.

Comentarios