Escucha esta nota aquí

Son las 07:00, el sol brilla pero aún no ha entibiado al polvoriento municipio sudafricano de Tembisa. Sin embargo, decenas de estudiantes de secundaria, en uniforme y portando mascarillas sanitarias, se apiñan en una larga fila frente a su colegio, que por fin reabre sus puertas.

"¿Ha visto cuántos hay? La escuela les faltaba", comenta Eddie Kekana, director del instituto público de secundaria Winnie Mandela, ubicado en un suburbio grande y pobre de Johannesburgo. "La escuela es su única esperanza", añade. 

Desde el 19 de marzo, comienzo del confinamiento estricto decretado por el presidente Cyril Ramaphosa para combatir la pandemia de covid-19, las escuelas sudafricanas han estado cerradas.

En virtud de una flexibilización decidida sobre todo ante la necesidad de reactivar la economía, este lunes se reanudaron oficialmente las clases de secundaria en todo el territorio.

"Estoy muy feliz, pero también tengo mucho miedo de volver", señala Lefa Ramoroka, de 21 años, vestida con pantalones grises muy cortos y chaqueta azul, colores de su instituto. "Nunca pensé que volvería a ver a mis amigos", añade con los ojos brillantes y nariz y boca cubiertas por una mascarilla colorida.

"Con frecuencia no hay agua en la escuela", dice justificando sus temores. "¿Cómo podemos así respetar las reglas de higiene contra Covid-19?", se inquieta.

El director se contenta: al menos el saneamiento funciona.

Cursos por audio 

Dos grandes cisternas verdes proveen el agua necesaria, y aún deben conectarse otras dos de color amarillo en las instalaciones sanitarias de estos edificios prefabricados, pero para ello falta dinero.

A la entrada, los profesores toman la temperatura a cada estudiante, que debe responder a un rápido cuestionario sanitario: "¿tienes tos?", "¿te duele la garganta?" "¿has perdido el sentido del olfato?"

Cada alumno dispone de un pupitre en el aula, pero han sido distribuidos en 14 salones en lugar de los seis habituales para mantener las distancias.

"Finalmente podremos enseñar con estándares satisfactorios", dice Steve Shaku, profesor de matemáticas, quien se coloca una visera protectora sobre su mascarilla. 

"Ahora tenemos que recuperar el tiempo perdido", advierte su colega Noko Matloa.

Durante casi tres meses, intentaron enseñar a distancia. Pero era imposible hacerlo por videoconferencia. "Los videos consumen mucho espacio y crédito en Internet", dice Steve Shaku, quien enseñó vía WhatsApp con mensajes de audio y documentos escaneados.