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Mujeres ainu
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Los ainu son un pueblo indígena de Japón.

La japonesa es considerada como una de las sociedades más étnica, cultural y hasta económicamente homogéneas del mundo.

A lo largo de los años, varios políticos japoneses han manifestado con orgullo que la singularidad japonesa recae en su carácter homogéneo.

En 1986, el entonces primer ministro Yasuhiro Nakasone dijo que Japón era una "nación homogénea".

Más tarde, en 2005, el entonces ministro de Exteriores Taro Aso -quien luego ocuparía el puesto de primer ministro- manifestó su orgullo porque Japón fuera el único país del mundo que poseía "una sola nación, civilización, idioma, cultura y raza".

Sin embargo, eso es solo en la superficie.

Es cierto que la etnia yamato es la mayoritaria, y representa más del 90% de la población del país. Pero junto al pueblo yamato viven otras minorías étnicas, como los ainu y los ryukyuanos.

También están otras minorías culturales, como los burakumin ("aldeanos") que alguna vez se consideraron la casta más baja del ahora abolido feudal de Japón.

Y luego están los grupos que son considerados extranjeros a pesar de ser residentes desde hace generaciones, como los zainichi, que son descendientes de coreanos.

La identidad japonesa

Antes de entrar a hablar de cada una de las minorías, hay que entender de dónde viene esa idea de singularidad japonesa.

La experta en política y sociedad nipona Gabriele Vogt habla de dos componentes: uno histórico y otro contemporáneo, "y muy políticamente pragmático", a tener en cuenta.

Ilustración a color de funcionarios civiles y militares dela era Meiji.
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En lo histórico hay que remontarse a la Restauración Meiji en 1868, que puso fin al shogunato Tokugawa (1603-1868), y devolvió el control del país al gobierno imperial bajo Mutsuhito (el emperador Meiji).

En ese momento se inició el proceso de modernización de Japón, que era un país aislado y feudal, y se emprendió también un proceso de unificación del país en torno a la figura del emperador.

"El emperador se considera a sí mismo descendiente de la diosa del Sol (Amaterasu)", le explica a BBC Mundo Vogt, profesora de Estudios japoneses en la Universidad de Múnich, en Alemania.

"Y de ahí esta idea de que Japón es una nación específica y muy especial porque el emperador es un descendiente directo de la diosa del Sol y, por extensión, todo el pueblo japonés lo es, porque el emperador no es solo el jefe de Estado, sino también el padre de todos los japoneses".

"Esa idea de lo que es ser japonés tiene sus raíces en ese momento de fortalecimiento del sistema imperial", agrega Vogt.

Y luego, señala la experta, en este discurso de "nación homogénea" hay un componente político que surgió en los años 60 con el período de crecimiento de Japón.

"Ahí nace la idea de que todos los japoneses contribuyen a este resurgir de las cenizas y tienen que participar", explica. "Y eso creó un sistema en el que tienes que ser parte de esta 'corporación' japonesa durante toda tu vida y tienes que sacrificarte por ella, y después, esa 'corporación', que es Japón como nación, en contrapartida, cuidará de ti".

En esa época empezaron a llevarse a cabo las primeras encuestas en las que se le preguntaba a los japoneses si se consideraban clase alta, media o baja.

"Durante décadas alrededor del 90% contestaba que era clase media. Y de ahí viene la idea de una clase media homogénea, y creo que estaba bien en los 90, pero hoy cualquier científico social en Japón te diría que el país ya no es homogéneo, ni una sociedad de clase media, y que hay mucha más diversidad".

Estas son las minorías que desafían esa idea de "una sola nación, civilización, idioma, cultura y raza" de la que hablaba Taro Aso.

Los burakumin

Una minoría que precisamente desafía esa homogeneidad socioeconómica es la de la comunidad burakumin, que significa "aldeano". No se trata de una minoría étnica, sino cultural, u ocupacional para ser más precisos, que ha sufrido una discriminación histórica.

Su existencia se remonta a la era feudal, durante el shogunato Tokugawa, cuando estaba vigente en Japón un sistema de castas similar al de India.

Los burakumin constituían la capa inferior del sistema de castas -al igual que los dalits o intocables en India- y esta comunidad estaba compuesta por personas dedicadas a ocupaciones consideradas impuras o manchadas por la muerte, como verdugos, carniceros y enterradores.

Hoy en día forman parte de ella los descendientes de aquellos que se desempeñaban en labores "impuras".

El sistema de castas fue abolido en 1871 junto con el sistema feudal. Sin embargo, las barreras para su integración persistieron. Las comunidades marginadas de burakumin estaban muy extendidas por todo Japón.

Tener una dirección incorrecta en el registro familiar, en donde aparece el lugar de nacimiento y que con frecuencia es solicitado por los empleadores, da lugar a discriminación.

En la década de 1960 se hicieron esfuerzos para mejorar las condiciones de los burakumin mediante la financiación de proyectos para mejorar la vivienda y elevar su nivel de vida pero, a pesar de esto, la discriminación continuó.

Es difícil precisar el número exacto de personas que viven en las históricas comunidades de los burakumin.

La Liga de Liberación de Burakumin (BLL), una organización de derechos fundada en 1955, sitúa el número de comunidades en alrededor de 6.000 y estima que el número total de burakumin se acerca a los 3 millones.

Los ainu

Los indígenas ainu fueron los primeros pobladores de Hokkaido, la isla más al norte de Japón. Sus tierras alguna vez se extendieron desde el norte de Honshu (la isla principal del archipiélago japonés) hasta Sajalín y las islas Kuriles (ahora en disputa con Rusia).

Ainus en 1880.
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Ainus en 1880.

Los ainu han tenido una historia difícil: fueron oprimidos y marginados por el dominio japonés durante siglos.

Como relata Ellie Cobb en un reportaje sobre este pueblo indígena en BBC Travel, los ainu llamaban a Hokkaido "Ainu Moshiri" ("Tierra de los ainu") y se dedicaban a la caza y la pesca, como muchos pueblos indígenas de todo el mundo. Vivían principalmente a lo largo de la costa sur, más cálida, de Hokkaido y comerciaban con los japoneses.

Pero después de la Restauración Meiji (1868), cuando Japón colonizó la isla, se dio inicio a prácticas discriminatorias bajo a Ley para la Protección de Antiguos Aborígenes de 1899, y los ainu fueron desplazados de la costa a las montañas yermas en el centro de la isla.

Tuvieron que adoptar nombres japoneses, y fueron despojados lentamente de su idioma, cultura y tradiciones. Debido a la amplia estigmatización, muchos ainu ocultaron su ascendencia.

"Hoy en día, los ainu se parecen a la población japonesa mayoritaria", le explica a BBC Mundo Jeffry Gayman, antropólogo de la Universidad de Hokkaido quien lleva trabajando con los ainu más de 15 años. "Visten el mismo tipo de ropa, viven en el mismo tipo de casas, tienen los mismos tipos de trabajo, no se reconocen en la vida pública como ainu".

Sin embargo, el experto considera que "el espíritu y los valores de los ainu están muy vivos", y se pueden ver en reuniones de la comunidad, en ceremonias religiosas, por ejemplo.

Actualmente se estima que hay unos 20.000 ainu en Hokkaido (no hay cifras oficiales), y la mayoría de ellos viven asimilados en ciudades y pueblos alrededor de la isla.

Vivienda típica de los ainu.
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Vivienda típica de los ainu.

Desde los años 90 las cosas cambiaron un poco para este pueblo indígena.

Primero, en 1994, el activista de origen ainu Kayano Shigeru llegó al parlamento japonés, donde estuvo durante cinco mandatos.

Y más recientemente, en 2019, el gobierno japonés los reconoció legalmente como un pueblo indígena de Japón, y eso derivó en una apreciación más positiva de la cultura ainu y un orgullo renovado por su idioma y herencia.

Sin embargo, muchos creen que el reciente reconocimiento de la comunidad no es suficiente y no brinda a los pueblos indígenas de Japón derechos claros y sólidos.

"El reconocimiento es muy simbólico, pero no tan significativo", le dijo a BBC Travel Kunihiko Yoshida, profesor de Derecho en la Universidad de Hokkaido University, señalando que Japón está muy por detrás del estándar mundial en el trato a los pueblos indígenas. "Es una situación vergonzosa. Esa es la realidad".

Además, en Japón persiste "un desconocimiento general sobre sus minorías", dice Gayman. Y esta cuestión del reconocimiento ainu, "estuvo en los medios extranjeros, pero no muy presente en los medios en japonés ni en la discusión pública en Japón", anota Vogt.

Los ryukyuanos

En muchos aspectos, la historia de los ryukyuanos es muy similar a la de los ainus.

Son los habitantes de las Islas Ryūkyū -el archipiélago más meridional del país, donde se encuentra la isla de Okinawa-. Con cerca de un millón de ryukyuanos hoy en día, son el segundo grupo étnico más grande en Japón.

Antiguamente, estas islas formaron el Reino Ryukyu, que no estaba bajo control japonés.

Pero después de la Restauración Meiji, en 1879 fue anexionado como parte del Estado japonés y, por lo tanto, sometido a las mismas políticas de asimilación japonesa que los ainu.

"Hubo un esfuerzo de japonización y esos pueblos no podían hablar sus lenguas, todo se estandarizó de la forma japonesa", dice Vogt.

Estructuralmente, explica por su parte Jeffry Gayman, la situación de los ryukyuanos es muy parecida a la de los ainu, pero hay una diferencia en términos de nivel de conocimiento y aceptación de su cultura.

"En términos de discriminación, ambos -ainus y ryukyuanos- fueron víctimas de las políticas nacionalistas del Estado japonés, como la supresión de la cultura y las lenguas de los okinawenses y las políticas de asimilación que inculcaron valores del pueblo japonés mayoritario", dice el antropólogo.

"Pero debido a su relativo aislamiento pudieron mantener su cultura y sus lenguas de una manera más saludable que los ainu".

Hoy en día, dice el experto, hay una asociación más positiva con la cultura ryukyuana que hace 30 o 40 años y, por ejemplo, "la música popular de Okinawa experimentó una especie de boom en las últimas décadas y hay artistas reconociendo su identidad ryukyuana".

Sin embargo, a diferencia de los ainu, el gobierno japonés se niega a reconocerlos oficialmente como un pueblo indígena.

Los zainichi

Gene cruzando la calle en Tokio
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La palabra zainichi simplemente significa "vivir en Japón", pero se usa más comúnmente para referirse a los descendientes de coreanos llevados a Japón tras la ocupación de Corea desde 1910 hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945.

"Fueron forzados a irse y trabajar en Japón como mano de obra barata", explica Vogt.

Si bien la mayoría de estos coreanos abandonaron Japón cuando terminó la guerra, quedaron unos 600.000, pero con el tiempo perdieron la "ciudadanía imperial" que se les dio a los primeros que llegaron.

A la primera generación se les concedió la residencia permanente, aunque, con el paso del tiempo, algunos miembros de las siguientes generación solicitaron y recibieron la ciudadanía por naturalización.

En Japón, la ciudadanía está determinada por el ius sanguinis o la nacionalidad de los padres y no por el lugar de nacimiento. Por esa razón, los zainichi nacidos en Japón se cuentan como residentes extranjeros en las cifras del gobierno.

A menudo también se han enfrentado a la discriminación, y por eso algunos "optan por cambiar sus apellidos, porque estos revelan la historia de la familia, ser coreano", apunta Vogt.

Y es que Japón sigue siendo un país que tiene problemas con la diversidad.

Naomi Osaka en una foto de archivo, 2019
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La tensita Naomi Osaka, de padre haitiano y madre japonesa, ha sufrido racismo.

Un informe comisionado en 2016 por el Ministerio de Justicia detalla que un tercio de los residentes extranjeros en el país afirmó haber experimentado comentarios despectivos y el 40% habló de discriminación.

Gayman destaca que existe un particularmente prominente "discurso del odio", que se ve mayoritariamente en comentarios anónimos en internet.

También lo han sufrido celebridades de raza mixta, como Ariana Miyamoto, la modelo que se convirtió en Miss Japón en 2015 y fue víctima de racismo porque "no tenía una cara verdaderamente japonesa"; o la tenista Naomi Osaka, hija de padre haitiano y madre japonesa, que también ha sido objeto de racismo. Algunos todavía encuentran difícil hablar de ella como una "jugadora japonesa".


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