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En pleno enfrentamiento con el Pentágono y cuando se le acusa de politizar al ejército, Donald Trump participa el sábado en una ceremonia de graduación en la prestigiosa academia militar de West Point, cerca de Nueva York.

El presidente estadounidense, a quien le gusta resaltar su papel como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, debe pronunciar un discurso que será observado con lupa, después que los más altos funcionarios del Pentágono hayan tomado públicamente distancia del tono marcial que adoptó ante las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial en las últimas semanas.

El secretario de Defensa, Mark Esper, graduado de West Point, mostró su desacuerdo con el presidente la semana pasada al declarar que no apoyaría la propuesta de desplegar el ejército para reprimir a los manifestantes.

"La opción de recurrir a soldados activos debería ser empleada solo como último recurso y en las situaciones más urgentes y dramáticas", dijo.

El jueves fue el jefe del Estado Mayor, el general Mark Milley, quien lamentó haberse exhibido en uniforme junto al presidente después de una brutal dispersión de manifestantes cerca de la Casa Blanca. 

"No debería haber estado allí", comentó. "Daba la impresión que el ejército estaba interfiriendo en la política interna". 

Los dos responsables del Pentágono dijeron además que estaban a favor de renombrar a las bases militares estadounidenses que honran la memoria de generales confederados, proesclavistas, durante la Guerra de Secesión, una idea a la que Donald Trump se opuso categóricamente.

"No hay problema" 

El presidente estadounidense, que según algunos medios ha considerado por un tiempo despedir a Mark Esper, apareció el viernes ansioso por poner paños fríos en sus relaciones con el Pentágono.

"Tengo una buena relación con los militares", dijo en Fox News. "Si eso es lo que piensan, no hay problema". 

Trump, que nunca hizo el servicio militar, acostumbra dirigirse a los militares durante sus viajes al exterior y no ha dudado en incitar a soldados a abuchear a periodistas que cubrían algún acontecimiento, poniendo en evidencia el respaldo del que goza en sectores de las fuerzas armadas. 

Analistas consideran muy probable que su discurso en West Point, una academia que ha formado a numerosos jerarcas castrenses y gobernantes estadounidenses, adquiera un tono político.

Adelantándose a ello, exalumnos de esa academia publicaron una carta abierta en la que advierten a los jóvenes diplomados contra cualquier "obediencia ciega" y destacan los peligros que plantean los "tiranos".

"La politización de las fuerzas armadas debilita el vínculo entre el ejército y la sociedad estadounidense", señalan estos 400 exalumnos de varias generaciones que aseguran haber servido, entre todos, a diez gobiernos diferentes. "Si este vínculo se rompe, los daños para nuestro país serían incalculables".

Trump ya había anunciado en abril que participaría en la entrega de diplomas en West Point, ubicada a un centenar de kilómetros de Nueva York, epicentro estadounidense de la pandemia de covid-19.

Los organizadores debieron modificar el ceremonial para respetar lo más posible el distanciamiento social y este año, por primera vez, las familias de los 1.100 diplomados, entre ellos 229 mujeres, no fueron invitadas a concurrir al acto.