Escucha esta nota aquí

Una polilla gigante, insecto que mide 25 centímetros y es visto muy pocas veces por los humanos, fue encontrada por trabajadores que cumplían labores en una escuela en Queensland (Australia), situación que despertó la curiosidad general y que se viralizó cuando las imágenes comenzaron a difundirse.

Expertos del Museo de Queensland se pusieron los guantes y analizaron al bicho. Chris Lambkin, conservador de entomología, explicó que las polillas gigantes se pueden encontrar en diferentes regiones australianas.

Pocas veces (a pesar de su tamaño) son vistas por los humanos. La razón es que su ciclo vital es muy corto: “Emergen, se aparean, ponen huevos y mueren”, aseguró en declaraciones a medios Christine Lambkin, jefa del área de entomología del museo., en el reporte expuesto por el diario español El País.

Lo normal es encontrarse estos insectos cuando miden apenas 2,5 centímetros y son tan flacas como un lápiz, de ahí que la polilla hembra y gigante que fue encontrada haya sido todo un suceso. 

Los expertos han explicado que las polillas adultas, que pueden llevar hasta 20.000 huevos en su barriga, no tienen órganos funcionales para alimentarse y obtienen su energía de las reservas de grasa que acumularon durante la etapa de larva. 

Según el Museo de Queensland, hay al menos 60 especies de polillas de la madera en Australia, la misma especie de que encontraron.

Expertos consultados por The New York Times aseguran que, a pesar de lo asombroso que resulta ver un insecto gigante, la polilla de madera no es la más grande. Según Floyd W. Shockley, entomólogo del Museo nacional de Historia Natural en Washington, consultado por el diario estadounidense, la polilla blanca de la bruja, que se encuentra en Sudamérica, alcanza hasta 30 centímetros.

De la polilla de Australia no solo han hablado los expertos, también ha sido inspiración para los niños de la escuela en donde la encontraron. Después de mostrarles una foto, les pidieron escribir sobre cómo sería una invasión de polillas. 

La polilla fue devuelta al bosque después de la 'obligatoria' sesión de fotos. Por suerte, para ella, nadie quiso probarla, a pesar de que desde el Museo Nacional de Historia Natural en Washington, expusieron que se pueden comer crudas o cocinadas. “Se ha dicho que su sabor es parecido al de las almendras”, señalaron al Times.

Comentarios