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El palestino Rakan Silos se levanta temprano todos los jueves para acudir al refugio donde alberga y cura a decenas de burros que no encuentran comprador en el mercado semanal de animales de Naplusa, ciudad del norte de Cisjordania.

Desde 2011, este hombre es el director del albergue local de la organización británica "Safe haven for donkeys" (Un refugio seguro para los burros), preocupada por el bienestar de estos animales que "trabajan tan duro por muy poco".

Los burros, al igual que los caballos, se usan en algunos lugares de los territorios palestinos para numerosas actividades de la vida diaria, como el transporte y la agricultura.

En este refugio de Naplusa, los burros son cepillados, mimados, herrados y curados, dice Silos, veterinario diplomado en la universidad de Al Najah, situada en esta ciudad de Cisjordania, territorio palestino ocupado por Israel desde 1967.

"En cuanto un burro llega aquí, lo examinamos al detalle y gratis", explica este hombre.

El refugio ha llegado a acoger hasta 200 burros, aunque actualmente solo alberga a unos 30, en un hangar repleto de heno.

El jueves, día del mercado en Naplusa, el centro recibe a nuevos animales porque los compradores prefieren asnos adultos y abandonan a los más jóvenes en el lugar, explica Wael Salama, también empleado del refugio.

"Los cuidamos hasta que llegan a ser adultos y hay agricultores que vienen a adoptarlos", dice. La adopción es gratuita pero tiene una condición: no vender el animal acto seguido.

Algunos agricultores también vienen al refugio para que sus burros reciban cuidados. Justamente, un hombre acaba de llegar a lomos de su asno blanco, herido en una pata.

"Este refugio es muy importante porque es prácticamente el único que se encarga de los burros en los territorios palestinos", dice este hombre, vestido con la tradicional kufiya palestina y feliz de ver los cuidados que va a recibir gratuitamente su animal.

La organización que financia estos cuidados y protege a los animales, que también tiene otro centro en Israel, vive gracias a las donaciones. Por ejemplo, propone que se apadrine a un burro usando su página web y pagando unos 30 dólares al año.

En estos momentos se puede adoptar a Clara, una burra de 23 años. Cuando llegó al refugio "sus dientes estaban en un estado tal que no podía ni comer, sus pezuñas están en muy mal estado y tenía terror al ver a otros burros", pero ahora gracias a los cuidados se encuentra en buen estado y come tranquila en compañía de otros burros, explica la página web de la organización.

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