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Un restaurante israelí cercano a Tel Aviv sirve pollo fabricado en un laboratorio, presentado como un producto ecológico que puede responder a la creciente demanda alimentaria.

En la planta baja de un edificio sin pretensiones en Ness Ziona, en el centro de Israel, el restaurante 'El pollo' sirve hamburguesas en un marco original puesto que, del otro lado de la elegante sala con luz tamizada, los comensales ven, a través de ventanales, el laboratorio donde los técnicos trabajan detrás de grandes tanques de acero inoxidable.

“Es la primera vez en el mundo que se puede degustar carne cultivada en laboratorio mientras se observa su proceso de producción”, comenta entusiasmado Ido Savir, director de la empresa SuperMeat.

Aquí no hay animales. En su laboratorio se cultivan células de huevos de gallina fertilizados en biorreactores, alimentadas con líquidos de origen vegetal ricos en proteínas, grasas, azúcar, minerales y vitaminas.

Gracias a estos líquidos nutritivos, las células se desarrollan como lo harían en el cuerpo del animal, y se convierten en tejido muscular y grasa.

Al final del proceso, el líquido se retira del reactor de donde se recoge la carne artificial y está lista para su preparación.

¿Pero pollo ‘in vitro’ es carne? 

Los vegetarianos no son los únicos que se plantean la cuestión en Israel, donde muchos habitantes siguen las reglas del código alimentario del judaísmo.

El rabino Eliezer Simcha Weisz cree que la producción de carne respetuosa del
medioambiente y de los animales podría resolver algunos “problemas en el  mundo” y que el pollo de laboratorio podría pronto obtener la certificación ‘kósher’.

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