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"No hemos entendido bien el mensaje del coronavirus. Más allá de las fronteras, razas e ideologías, nos recordó que como humanos nos necesitamos todos. A USA y UK le pedimos vacunas, a Emiratos pruebas, a Cuba, España personal. La vida debe de estar por encima de la política". Así repondía en Twitter el alcalde de Medellín, Daniel Quintero, a las críticas de que fue objeto por solicitar la ayuda de médicos cubanos para combatir la pandemia en su ciudad.

Los reproches por no dar preferencia a los médicos colombianos, contradicen el espíritu de más de una proclama de que es necesario unir fuerzas a nivel internacional para frenar la propagación del coronavirus.

Pero del dicho al hecho suele haber un buen trecho, también en el campo de batalla contra el COVD-19. "Esta pandemia ha puesto en evidencia muchísimos de los problemas y las fallas estructurales que tienen nuestros sistemas públicos, nuestros sistemas de protección en general, y los mecanismos de cooperación internacional no son la excepción, definitivamente", dice a DW Herland Tejerina, coordinador nacional en Bolivia de la Asociación Latinoamericana de Medicina Social (Alames). El médico, especialista entre otras cosas en salud internacional, señala que "en la práctica, en el día a día que se vive en los establecimientos de salud, no hemos visto un reflejo real de esta cooperación internacional". Lo atribuye a la clásica burocracia y a las condiciones propias de esta crisis internacional, en la que "todos los países se están disputando los pocos insumos, los materiales que hacen falta en todas partes".

Actitudes nacionalistas

Josefina Matorell, Directora de Médicos Sin Fronteras (MSF) para América del Sur de habla hispana, también ve con preocupación la falta de coordinación internacional. "Alertamos contra las actitudes a veces nacionalistas de varios gobiernos del mundo", indica a DW, mencionando los ejemplos de Brasil y Estados Unidos, donde están primando los intereses nacionales por sobre la cooperación. "Esto obviamente nos preocupa porque no vamos a acabar con la pandemia, si no termina en todos los lugares del mundo".

La directora regional de MSF hace notar que muchas veces la ayuda viene de organismos interncionales o de organizaciones de la sociead civil que, pese a contar con menos recursos a causa de la pandemia, están intentado responder, entregando asistencia que a veces los gobiernos parecen no poder asegurar. También el Dr. Tejerina habla de una cooperación sur-sur, que se lleva a cabo a través de organizaciones como la suya. Aclara, eso sí, que Alames no está en condiciones de entregar ayuda material. "En el marco de esta pandemia, lo que hemos podido hacer es activar nuestras redes. Estamos intentado compartir información que consideramos valiosa, sobre qué está funcionando mejor en un país y lo que no está funcionando tan bien en otro, para que se puedan recoger esas experiencias y tomar las mejores decisiones posibles". También consideran su tarea denunciar lo que falla, "porque sabemos que en muchos de nuestros países se está violando el derecho a la salud en el marco de esta pandemia, en algunos casos, aprovechándose de ella, y en otros simplemente actuando de manera poco eficiente, con el resultado de que los más vulnerables ven afectados sus derechos y en algunos casos sus vidas".

La codiciada vacuna

Ambos entrevistados hacen especial hincapié en que los bienes de salud deben estar al alcance de todos, ser repartidos equitativamente y no sobre la base de hacer negocios. Esto vale también para la vacuna que se logre desarrollar contra el coronavirus. Josefina Martorell subraya que el sistema Covac se creó para establecer un acceso global y equitativo a las vacunas. "Intento ser optimista, pero es cierto que la promesa original no se está cumpliendo de alguna manera, porque se han adelantado fondos a varias de las farmacéuticas para producir las vacunas contra el Covid-19, pero no se les ha puesto ningún condicionamiento". Igualmente le preocupa que se haya dividido el mundo en dos grupos: el de los países ricos, que pueden adquirir las vacunas por sus propios medios, sin condiciones, y los demás, que dependen de la asistencia de donantes.

Médicos sin Fronteras demanda que la vacuna se venda a costo de producción. "Para ello tenemos que exigir que las farmacéuticas abran sus libros contables y nos muestren de manera transparente en cuánto salió la producción y el desarrollo de las vacunas". La idea es que puedan cubrir los costos y tener una ganacia marginal, "pero que no sean las ganancias irrisorias que hemos visto en algunos casos en nuestra experiencia", subraya la directora regional. También exige que las vacunas no queden resguardadas por patentes, de modo que se puedan producir genéricos en diversas partes del mundo. "Esto va a hacer no solamente que el precio baje, sino también que haya mayor disponibilidad en todo el mercado mundial". Y esa es una premisa para ganar la batalla contra esta pandemia, lo que requiere un esfuerzo global. Pensar en victorias nacionales sería no entender el desafío del coronavirus.