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 latercera.com

A ver: que levante la mano el que no tenga WhatsApp en su celular. Probablemente, van a ser muy pocos los que lo hagan. Y tiene sentido, porque la mensajería instantánea, tal como la entendemos hoy, se ha transformado en una de las herramientas de comunicación más utilizadas en el mundo, siendo WhatsApp —y por lejos— el rey absoluto de estas plataformas, a pesar de sus cambios y, sobre todo, de las recientes modificaciones a su políticas de privacidad y seguridad de datos.

Ha pasado un buen tiempo de aquellos lejanos días en que usábamos ICQ o Messenger, de Microsoft. Ahora, en parte gracias a WhatsApp, tenemos todas esas conversaciones en el bolsillo. Y seamos honestos: más allá de las críticas particulares que se puedan tener, esta es una app que funciona muy bien. Pero también es de las que más datos recaba de los usuarios.

Desde que fue creada y lanzada al público en el 2009, la plataforma creada por Brian Acton y Jan Koum, ex ejecutivos de Yahoo!, ha tenido en los últimos años un crecimiento meteórico que se vio coronado el 2014, cuando Facebook adquirió la aplicación. Y sus datos. Todo, en un monto cercano a los 19 mil millones de dólares.

A partir de ese momento, WhatsApp se consolidó rápidamente como la app por defecto para la mensajería instantánea; al menos, en el mundo occidental. En el intertanto, añadió nuevas funcionalidades, como videollamadas, envío de archivos, chats grupales y el uso de stickers y gifs, entre otros cariñitos. Todo más o menos bien para una plataforma que hoy es utilizada aproximadamente por dos mil millones de personas alrededor del mundo.

Pero a comienzos de este año, desde WhatsApp anunciaron que a partir de los próximos meses implementarán una nueva serie de requerimientos legales dentro de sus políticas de uso, con el fin de poder seguir utilizando la aplicación. Las opciones no son muchas: o se aceptan los nuevos términos y condiciones, o no puedes seguir usando WhatsApp. Lo mismo va a suceder si se utilizan apps complementarias de terceras partes.

El punto principal es que cada vez que se interactúe con cuentas de WhatsApp que pertenezcan a negocios o empresas, los datos que se utilizan podrán ser compartidos con Facebook y otras plataformas del imperio Zuckerberg. En otras palabras, Facebook tendrá acceso a la metadata, que son todos los datos “secundarios” que rodean la interacción. Estamos hablando de números telefónicos, horarios y tiempos de conexión, nombre, estado y foto del usuario, la marca y modelo del teléfono y, cómo no, la dirección IP de la persona.

Desde que el anuncio se hizo público, el clamor en las redes por la controversia no se hizo esperar. En parte, porque hoy el dueño de la plataforma es Mark Zuckerberg, el creador y mandamás de Facebook e Instagram, una personalidad que ha sido cuestionada en múltiples ocasiones por sus políticas de privacidad y el uso que hacen de los datos personales. Tanto así, que ha tenido que ir a declarar al Congreso norteamericano y al Parlamento británico para explicar sus políticas.

Así entonces, otras aplicaciones de mensajería, como Telegram y Signal, que son la competencia de WhatsApp, tuvieron en las últimas semanas descargas récord entre nuevos usuarios —especialmente en Asia. Porque sí: existen alternativas a WhastApp y estas son las más populares (dejando de lado, claro, a los chats de trabajo como Slack):

Telegram
Como app, Telegram nació en Rusia, el 2013, aunque al año siguiente sus creadores se mudaron a Berlín para luego asentarse definitivamente en Londres y Dubai. Es acaso la app de mensajería más popular después de WhatsApp. En términos generales, de uso y de look, Telegram no es muy distinta: es gratuita, su interfaz y usabilidad es parecida, cuenta con encriptación de datos entre usuarios y posee varios clientes para todos los sistemas operativos, incluso con su propia versión web.

El gran detalle que hace la diferencia está en sus múltiples capas de seguridad. Si los usuarios acceden a tener un chat “seguro” (sí, hay que activarlo previamente), Telegram ofrece opciones como teclado en modo incógnito, protección contra captura de pantallas y la posibilidad de hacer desaparecer mensajes después de un tiempo determinado.

Entre otras de sus características, también podemos destacar el envío de archivos y elementos multimedia, junto con el uso de la nube para el almacenamiento de datos. También puede comprimir archivos (como fotografías), ofrece la creación de canales temáticos y chatbots y algo no menor: la aplicación no exige vincular el número telefónico con la cuenta del usuario y da la opción de estar conectado en múltiples aparatos de manera simultánea.

Signal
Esta es tal vez la menos conocida de las tres plataformas, pero es también es la que menos datos recaba de parte del usuario. De hecho, sólo pide el número de teléfono. Y listo, porque añadir el nombre es opcional.

Signal fue creada en California a mediados del 2014, justo cuando WhastApp estaba siendo adquirida por Zuckerberg. Cerca de ocho millones de personas descargaron la aplicación en apenas tres días, tras los anuncios de Facebook, pero también por la aprobación en redes sociales de personalidades tech como Edward Snowden o el mismísimo Elon Musk. Hacia fines de enero, la app ya contaba con más de 100 millones de descargas en el mundo.

Entre sus principales características está el detalle de que la app es parte de una fundación sin fines de lucro, Signal Foundation, creada y financiada nada menos que por el mismo Brian Acton, uno de los creadores de WhatsApp. Es gratuita y de código abierto, por lo que los usuarios pueden saber de manera exacta cuáles datos son obtenidos y qué se hace con ellos, características que la transforman en la app más transparente de todas.

Por supuesto posee todas las funcionalidades esenciales que tiene la competencia: encriptación, envío de archivos, video mensajes, desaparición de mensajes luego de su publicación y la posibilidad de difuminar fotos y caras. Todos los mensajes, de manera predeterminada, son encriptados, igual que en WhatsApp, y también puede utilizarse como la aplicación por defecto para el envío y recepción de SMS.

Por supuesto, hay que considerar que WhastApp cuenta con una ventaja mayor: su inmensa base de usuarios. Como decíamos, todo el mundo tiene WhatsApp. Tanto que ya se ocupa como verbo: “whatsappear”. Por lo tanto, que ocurra una migración masiva hacia su competencia es algo que por ahora suena muy poco probable, además de que tomaría un tiempo considerable.

Otras alternativas
“Oh-oh!”
ICQ, que hizo furor en la mensajería instantánea tras el cambio de siglo, ha vuelto a florecer como app. Fundada originalmente en Israel, en 1996, hoy ICQ sigue disponible para el público tras haber pasado por distintas manos. Por estos días, es parte del gigante tecnológico ruso Mail.ru y el 2020 lanzó su última versión, que también vio un incremento en descargas, después de la polémica de WhastApp.

En cuanto a funcionalidades, es muy similar a Telegram. Además, puede traspasar mensajes de audio a texto, tiene texto predictivo o “respuestas inteligentes” y videollamadas hasta para 50 personas de manera simultánea, entre otras características. Lo más importante: aún mantiene sus clásicos sonidos de alerta.

Otra opción que se mantiene con vida es Viber. También desarrollada en Israel, hoy es parte de la multinacional japonesa Rakuten y es actualmente la tercera app de mensajería instantánea más usada en el planeta, con más de mil millones de usuarios activos en 193 países. No es para mirarlo en menos.

La plataforma gratuita, con oficina central en Luxemburgo, ofrece básicamente las mismas características de su competencia, especialmente en términos de usabilidad y privacidad, aunque sí posee un plan de llamadas a líneas telefónicas (a lo Skype) alrededor del mundo. Acentúan que no transan datos personales de sus usuarios con terceras partes.

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