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Se lo había visto más como analista en los últimos años, ¿qué lo hizo volver a la política electoral?

La indignación de ver a Bolivia en manos del narcotráfico me hizo volver a la política. El Gobierno actual no solo ha sido negligente en la lucha contra el narcotráfico, sino que ha adoptado medidas para legalizar la coca de Chapare, y atacó a los cocaleros de yungas.

Por otra parte, el incremento de la corrupción es impresionante, no digo que los otros gobiernos fueron angelitos, pero la corrupción no solo que se ha democratizado sino tocó el propio nivel presidencial.

En tercer lugar, es el aislamiento del país. Estamos más aislados ahora que en la época de las dictaduras militares.

En cuarto lugar, está el elevado desempleo de jóvenes y de mujeres.

Y por último, la experiencia que tengo en la gestión gubernamental y creo que puedo ayudar a encontrar las soluciones inmediatas, no como mis contendientes que van a entrar a aprender y a experimentar. Bolivia no requiere ni de aprendizajes ni dudas. Hay que tomar decisiones desde el primer momento y en eso quiero contribuir al país.

El katarismo era visto como algo de izquierda, pero lo hemos escuchado con un discurso parecido al del presidente Bolsonaro. ¿No es contradictorio?

Algunos ven al katarismo como de izquierda, otros lo ven como de centro y otros como de derecha. El asunto es que el katarismo va más allá de ellos. En política el katarismo es una democracia intercultural, que combina lo mejor de la democracia liberal, de la democracia aimara, quechua, guaraní, obrera, afroboliviana…

¿Qué de eso tiene su proyecto actual?

Todo, por ejemplo, no somos partidarios de una reelección indefinida, somos partidarios de una economía de libre iniciativa, lo mantenemos, coincidimos con unas visiones liberales.

Yo vengo del mundo aimara y desde pequeñito he nacido a una visión antiaborto y de la valoración de la vida, tanto que, cuando hay una granizada en mi comunidad, las autoridades -los yatiris y los amautas- buscan en qué casa hubo un aborto, porque se interpreta como un castigo divino. Y en los institucional soy republicano, pero no la república excluyente, sino una república que nace a partir de la diversidad de los bolivianos. Por eso proponemos una república intercultural, pero proponiendo la autonomía, no centralista.

¿La autonomía es lo que diferenciaría su propuesta de cuando usted fue vicepresidente de Sánchez de Lozada?

Ahí comenzó el régimen autonómico, con la ley de Participación popular.

Sería muy discutible, porque los grandes críticos dicen que recentralizó el país, al quitar de la CPE los Gobiernos departamentales.

Hubo una pugna entre las regiones. Le doy un dato: la inversión pública, antes de nuestro Gobierno, me refiero al del 93-97, el Goni uno -a veces nos confunden con el Goni dos y el Carlos Mesa es el que tiene que aclarar eso- era 75% Gobierno central, 25 subnacionales.

Lo que hemos hecho es invertirlo, 25% Gobierno, 75% subnacionales.

Qué pasó hoy con Evo Morales, 85% evo Morales y 15 subnacionales. La ley de autonomías es una ley de centralización. La Ley de Descentralización, que tuve el honor de promulgar, además de la ley de Participación Popular apuntan a una descentralización progresiva y una desconcentración, eso hoy se llama autonomía, no federalización. No soy enemigo de lo federal, pero las condiciones de Bolivia no dan para la federalización.

¿Por qué?

A nivel institucional, un régimen federal requiere de partidos políticos fuertes, porque condice con un modelo parlamentario y lo más débil que hay en Bolivia son los partidos. El MAS, que se dice el más fuerte, no puede renovar ni siquiera a sus dirigentes, son evodependientes. Y lo otro es una razón social. Un modelo federal requiere una concepción unitaria consistente.

Tiene que ser una sociedad no en estado líquido, sino en estado sólido. En Bolivia, nuestra unión entre regiones no es muy firme, lo nacional es muy débil.

¿Qué propone para profundizar la autonomía?

No solo proponemos un pacto fiscal, sino un pacto fiscal-social. El pacto fiscal tiene una carga excesivamente monetarista. La Asamblea Constituyente no tuvo éxito porque fue la imposición del modelo del MAS y la oposición puso piedras en el camino, fue un trabajo antipacto.

¿Volvería a hacer la Constituyente?

No, por Dios. Si hay que hacer una reforma constitucional lo haremos, empezando con la elección de magistrados por voto popular, pero vía reforma parcial. Hay que reformar las leyes de hidrocarburos, las leyes de inversión...

¿Esto para repetir la privatización?

No, para nada. En esto hay que ser pragmático. El sector que debe generar riqueza en el país es el privado. Lo saben hacer bien. En Bolivia y en el mundo entero. Planteamos un modelo de economía mixta, donde los inversionistas extranjeros puedan ganar, tener un acuerdo que permita ganancias para ambos bandos.

¿Cuál sería la diferencia con la situación actual?

Que hoy se pone énfasis en la carga estatal. El Estado tiene que manejar empresas públicas y el Gobierno canta victoria cuando la presencia estatal es mayor que la privada en algunos sectores. La consecuencia de eso es que el Banco Central cada vez le está inyectando dólares como respiración artificial y con dinero de todos los bolivianos. En esto, zapatero a tus zapatos: la fuente generadora de empleo y de riquezas, sector privado.

Entre el 85 y 90% del PIB es del Estado. ¿Cómo haríamos para darle mayor protagonismo al privado sin afectar la estabilidad económica?

Una cosa esencial e inmediata es una rebaja radical de impuestos. Nos condenaron, nos criticaron, pero incluso nuestros adversarios nos han copiado. Había uno, ya van dos y probablemente sean tres. Necesitamos una rebaja radical de impuestos, pero a la vez, universalizarlo.

¿A cuánto lo bajaría?

A menos de la mitad. Estamos estudiando detalles específicos, pero ya lo hemos decidido: el IT y el impuesto a la herencia no tienen sentido. No puede ser que los empresarios pequeños, medianos y grandes estén viviendo para pagar impuestos. Segundo, no pueden dormir tranquilos, porque su propiedad, su empresa, su lote, no saben si le van a saltar o no y no hay a quién quejarse. Por eso estamos planteando el respeto sagrado a la propiedad privada. Cualquier asalto, cualquier despojo, va a ser tipificado como terrorismo. Y cuando bajamos impuestos y universalizamos la recaudación, el monto, el destino, lo vamos a transparentar en un Gobierno electrónico. Usted, cualquier ciudadano, desde su celular, va a poder seguir cómo se está manejando.

¿Cómo percibe que está recibiendo la gente su mensaje, en qué se está quedando más?

Hoy en día de lo que más nos preguntan es el tema del empleo. No se imagina cómo es el hambre que sienten los jóvenes. La otra cosa que me preguntan todos es cómo eso de la rebaja de impuestos. Me dicen que pagan hasta el 70% de impuestos, “esto no puede ser”. ¡La rebaja de impuestos cayó como bomba! La salud, va a apuntar el aumento del servicio combinando fuentes privadas y públicas.

La mayor parte de su programa es igual al del MNR.

Nos ha copiado. Si usted se fija, el año pasado hemos publicado nuestro programa y el del MNR es ‘copy-paste’. No nos enojamos de eso. Es bueno que lo use. Estas ideas no son de propiedad nuestra, es para todo el país. Si todo el país se copia, en buena hora. Eso va a ser señal de éxito.

¿Ya pasó el tiempo de las propuestas altisonantes como armar a las mujeres y legalizar la marihuana?

Creo que sí, porque las preguntas no van por ahí. Sirvió para ubicarnos y captar el interés mediático. Ahorita son otros temas.

¿Eran propuestas reales?

Todas nuestras propuestas son reales, unas más polémicas que otras.

¿Cómo encontró a UCS?

A nosotros nos conviene usar la sigla de la UCS, porque nos pescaron en curva. Cuando ya estaba por recaudar las firmas para el partido, nos adelantan un año las elecciones.

Usted fue parte del G6, parecía que de ahí saldría la unidad opositora, ¿qué pasó?

No es cierto. No había unidad. Recuerde usted por qué nació ese grupo, porque Samuel Doria Medina y Ernesto Suárez estaban a un paso de la detención. Diríamos que fue una acción de defensa, porque si caían ellos íbamos a caer todos. “Unámonos, peleemos y batallemos”, dijimos.

Una vez usted dijo que todo se quebró luego de La Haya, ¿qué pasó allá?

Ya se había disuelto el G6 y el G5. Cuando hablamos para construir la unidad, la propuesta era captar el clamor popular para canalizar una propuesta, hasta que llegó La Haya. Ahí, tres presidentes fueron invitados, Jaime Paz, Carlos Mesa y Tuto Quiroga. Se hizo una especie de cuarto intermedio para retomar las negociaciones a la vuelta de La Haya, pero allá algo ocurrió, en algún lugar de La Haya. Algún día se sabrá. Evo Morales vuelve como candidato del Gobierno, y Carlos vuelve como candidato de la oposición. Hasta ese momento vivían tranquilitos, de la manito, a besitos y de repente vuelven de La Haya como opositor y oficialista. Y las charlas aquí se interrumpen. Carlos (Mesa) dijo: “Yo no quiero saber nada con los partidos”. Eso interrumpió el primer proceso electoral.

Usted reclama la renuncia de los vocales del TSE y del presidente como candidato. ¿Llegará al 20 de octubre si eso no sucede?

Nuestra candidatura tiene un pie en las calles y otro en el proceso electoral, para que no nos pase lo de Venezuela, donde Maduro persiguió a la oposición y, cuando todo estuvo libre, puso a Falcón como su contendiente y copa todo el parlamento.

¿Eso quiere decir que va a ser candidato renuncie o no Evo Morales?

Exactamente.

¿Qué porcentaje sería una buena elección para usted?

En votos, es bien difícil. Todo dependerá de nuestro trabajo. El año pasado no teníamos estructura nacional, UCS no la tenía. Hoy día le puedo decir con el mayor orgullo que estamos en los nueve departamentos y somos los que tenemos los candidatos más jóvenes, líderes de la plataforma generación Z.

Cuántos votos vamos a tener, eso no se lo ve ni en coca. Como no tenemos acceso ni a ministerios, ni a Gobernación ni a Alcaldía, no hacemos campaña con dinero público, sino con plata de nuestros bolsillos. La cantidad de votos que tengamos será producto de nuestro esfuerzo.

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