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7 de agosto de 2018, 4:00 AM
7 de agosto de 2018, 4:00 AM

El presidente Evo Morales no solo se niega a cumplir los resultados de la consulta popular que convocó en 2016, sino que se enoja cuando la gente le recuerda su promesa de irse a casa en caso de perder. “Son vendepatrias”, dice de quienes gritan ‘Bolivia dijo no’ en los actos públicos, y últimamente ha enviado a sus huestes a amenazar a estos disidentes con una dosis de violencia física. Todo esto nos lleva a inferir que en la mente de Morales el Gobierno es un patrimonio personal que nadie le puede arrebatar; un patrimonio que él no está dispuesto, bajo ninguna circunstancia, a ceder. No es por supuesto un pensamiento democrático.

Por eso en un reciente mensaje televisivo he planteado que la principal preocupación de los bolivianos es esta: Evo Morales quiere y piensa quedarse otros 14 años en el poder, pero como ya no cuenta con la mayoría electoral que una democracia exige para gobernar, y como las leyes le impiden tratar de reelegirse en 2019, entonces quiere y piensa hacerlo al precio de la democracia y del Estado de derecho que tanto sacrificio nos ha costado establecer, y que resultan imprescindibles para mantener la paz social y, en última instancia, para lograr el desarrollo nacional.

El daño que esta actitud acaparadora y rentista puede causar a la institucionalidad, la convivencia pacífica y la unidad nacional es inconmensurable. Pero eso no le interesa a Morales. Para él nada es más importante que quedarse 14 años más en el poder. Y para él las prioridades personales y de grupo están por encima de las necesidades nacionales: Evo actúa con egoísmo y sin amar al país.

Luego de haber luchado en distintos terrenos y en diversos momentos políticos, cometiendo aciertos y errores, pero siempre haciendo una militancia coherente y basada en los mismos principios políticos que adopté por primera vez de muy joven, he llegado a un punto y a una circunstancia singulares, en las que me siento obligado a enfrentar la grave crisis a la que Morales nos está conduciendo, consagrando mis esfuerzos a evitar que se quede otros 14 años en el poder y destroce las libertades democráticas.

Siento que a lo largo de mi carrera política muchas cosas que me sucedieron me han preparado para este momento, que asumo armado de las cualidades políticas que -con modestia- considero me adornan: el coraje, la fortaleza y la perseverancia. Cumpliré este papel en cualquier espacio que sea propicio, a la cabeza o en la cola de las fuerzas democráticas del país, y como homenaje a la generación que me antecedió, que es la que, con gran sacrificio, venció a las dictaduras militares y nos legó la democracia

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