11 de septiembre de 2021, 4:00 AM
11 de septiembre de 2021, 4:00 AM

Jamás el mundo se estremeció tanto como aquel 11 de septiembre de 2001, cuando un radical grupo islámico utilizó cuatro vuelos comerciales de aerolíneas estadounidenses con pasajeros para estrellarlos contra las Torres Gemelas en New York, el Pentágono en Arlington, Virginia, y una colina de árboles cerca de Shanksville, Pensilvania. Más de 3.000 personas murieron en los atentados sincronizados y entonces cambió todo en el planeta.

Fueron 19 yihadistas, casi todos ellos de Arabia Saudita, quienes abordaron vuelos comerciales en Boston, Washington y Newark, esta última muy cerca de New York, armados de cuchillos, que por entonces eran permitidos en las cabinas siempre que sus hojas no superaran un largo de 10 centímetros.

El vuelo 11 de American Airlines con 87 pasajeros, tripulación y cinco terroristas que debía ir de Boston a Los Ángeles tomado por los terroristas se estrelló a las 8:46 de aquel día contra los pisos 93, 94, 95 y 96 del edificio norte de las Torres Gemelas. Cuatro minutos después, el presidente de entonces George W. Bush que participaba en un acto escolar en Sarasota, Florida, vio como uno de sus informantes se le acercaba para susurrarle en el oído lo que había ocurrido, pero hasta ese momento se creía que había sido un accidente.

17 minutos después del primer impacto, el vuelo 175 de United Airlines con 60 pasajeros, tripulantes y cinco terroristas que despegó de Boston y debió dirigirse a Los Ángeles se estrellaba contra la torre sur del World Trade Center.

Exactamente a la misma hora, las 10:03 de ese día, el vuelo 93 de United Airlines que partió en Newark, Nueva Jersey, en ruta a San Francisco, con 33 pasajeros, siete tripulantes y cuatro terroristas de Al Qaeda, se estrellaba cerca de la comunidad de Shanksville, Pensilvania, a 20 minutos de Washington donde los yihadistas querían llevar la nave para hacerla explotar contra el Capitolio, sede de las cámaras del Congreso de Estados Unidos. Los pasajeros del Boeing 757 lograron comunicarse por celulares con sus familiares para informarles de lo que estaban viviendo a bordo y después se enfrentaron a los terroristas y evitaron que el avión llegara a su objetivo.

Once minutos después del tercer impacto, en Arlington, el vuelo 77 de American Airlines que partió de Washington Dulles con destino a Los Ángeles con 59 pasajeros, tripulación y cinco terroristas se lanzaba contra la fachada oeste de la sede del Pentágono, sede del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

Tres de las cuatro misiones fueron presenciadas por la humanidad prácticamente en vivo por las transmisiones que hicieron las cadenas de televisión de Estados Unidos.

Las historias de los dramas humanos nunca han terminado de contarse: desde el número de indeterminado de personas que saltó al vacío para morir antes de que las dos Torres Gemelas se derrumbaran, los que lograron salvarse porque utilizaron las escaleras de emergencia para escapar, los más de 1.000 restos de personas no identificadas hasta hoy, el dolor irreparable de las familias que perdieron seres queridos inocentes en los aviones o en las oficinas del World Trade Center.

20 años después, el mundo no ha recuperado la certidumbre ni la confianza en la paz. Después de 11-S sucedieron varios otros atentados terroristas en países de Occidente, y ni las guerras ni la destrucción de Al Qaeda han traído la garantía de que nunca más volvamos a presenciar el terror de aquel martes 11 de septiembre de 2001.

Tags