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4 de enero de 2019, 4:00 AM
4 de enero de 2019, 4:00 AM

En América Latina hay dramas dolorosos que parecen eternos. Más de cuatro millones de venezolanos –un 13% de la población del país– han abandonado su territorio, o procuró hacerlo, huyendo de la escasez y de la ausencia de libertades democráticas. Este no es el único caso de un caudillo que imagina que es el salvador de su patria y la hunde: en Nicaragua la pareja gobernante ha resuelto retener el poder reprimiendo con ferocidad a su pueblo. Y, a 60 años de la dictadura en Cuba, terminada la era de los Castro, se va desvaneciendo la esperanza –sin duda ingenua– de que el comunismo daría paso a reformas orientadas para alcanzar la democracia ahora ausente.

Este año habrá elecciones en Argentina, Bolivia, El Salvador, Guatemala, Panamá y Uruguay. Esto, en otras épocas, podía abrir esperanzas de que, en ciertos casos los comicios sean los que devuelvan al pueblo sus derechos y se consolide la institucionalidad democrática.

En El Salvador, quien sea electo presidente en febrero enfrentará la violencia de las pandillas y la ola de miles de ciudadanos que engrosan las caravanas que pretenden llegar a EEUU en busca de seguridad y mejores condiciones de vida.

En Panamá no parece que habrá cambios notorios: su economía respalda el vaticinio. El Fondo Monetario Internacional prevé un acelerado crecimiento de la economía panameña: un 6,3% para este año, frente al 4,3% de 2018. Tampoco se espera en junio cambios en Guatemala. No hay renovación de líderes ni de ideas. Cristhian Castillo, de la Universidad de San Carlos, dice que “no hay relevo generacional” y que “no hay los cambios de fondo en la clase política que en gran medida se demandó en 2015”.

En Uruguay, al Frente Amplio, debilitado por casos de corrupción –su ‘vice’ tuvo que renunciar una vez descubierto–, ineficiencia y apoyo a las dictaduras de Maduro y Ortega, le será muy difícil retener el poder en octubre de 2019.

En Argentina habrá elecciones también en octubre, cuando no se habrán apagado los rescoldos de la generalizada corrupción del kirchnerismo. Pero crece la insatisfacción por una muy difícil situación económica. No obstante, los esfuerzos del presidente Mauricio Macri por vencer las dificultades pueden dar chances a su reelección.

En Bolivia se rechaza el empeño reeleccionista del presidente, que ilegalmente pretende un cuarto periodo en el cargo. A esto se añade el narcotráfico y la corrupción consentida, además de la activa defensa del presidente a Maduro y a Ortega, reiterando coincidencias con esas dictaduras.

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