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2020. Un año complicado

Marcelo Ostria Trigo 29/12/2020 05:00

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Ya termina el año 2020. Para algunos es el año del retorno y, para todos, el de la tragedia general por la pandemia del coronavirus. Otros, con su habitual triunfalismo sectario, aseguran –ya se advierte el inicio de ello– que la crisis económica, por ahora inatajable, y que se extiende por todo el mundo, será pronto vencida por el nuevo régimen, pese a que el sistema de salud ha sufrido un serio deterioro.

También muchos confían en que una vacuna terminará con la pandemia que nos aflige, aunque hay quienes aseguran que no será una lucha fácil. Como en toda crisis, abundan las versiones –algunas de reconocidos científicos– que aseguran que este camino será largo y muy costoso en vidas y recursos.

El retorno al poder de la agrupación política ahora dominante, no muestra ningún propósito de enmienda de lo que ocurrió en los 14 años de populismo que desató odios insanos y la permanente afirmación de que todos los males –habidos y por haber– tienen un presunto culpable: el gobierno de Estados Unidos y la derecha nativa. Con esta afirmación y otros supuestos logros propios, se pretende que se vivía en un país donde la justicia era proba, se respetaba el disenso y que la honradez era una de sus características más notorias.

Pero ahora se observa que esa tendencia se repite: establecer un gobierno de partido, es decir con una administración pública integrada solo por militantes del partido oficial, y una discrecionalidad cercana a la tiranía.

Pero, a veces, hay algunos propósitos plausibles, como el inicial de reformar la administración de justicia, hasta ahora corrupta y nada confiable, que llegó al absurdo de afirmar que la reelección indefinida de los gobernantes es un derecho humano. Se anunció, y fue una sana decisión, que se conformaría una comisión con la misión de revisar las leyes y el texto ampuloso de la actual Constitución Política del Estado, y asesorar en futuros cambios de la actual estructura judicial.

Se nominaron a juristas encargados de ese objetivo. Pero ahora, todo indica que la comisión se ha disuelto, sin anunciarlo. Esto muestra la falta de voluntad política para mejorar uno de los órganos esenciales del Estado. Un connotado jurista afirmaba: “No hay voluntad política, ni en el MAS ni en la oposición, para iniciar y conducir una reforma estructural del sistema judicial”.

Así termina el año, con la incertidumbre general sobre los propósitos del nuevo gobierno. Aún no hay una definición oficial sobre diversos asuntos que marcarán el futuro inmediato del régimen. Los tiempos cambian: no se repiten los esquemas políticos indefinidamente.

Lo anterior no cubre todo lo que está sucediendo. Por ejemplo, en la designación de candidatos del oficialismo para las próximas elecciones de gobernadores, alcaldes y munícipes, se enfrenta a divisiones que resultan, como ya sucedió, en actos de violencia por las designaciones de candidatos no aceptados por los militantes del propio partido.



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